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02/03/2024. 14:12:05

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Conciliar sin medidas, es renunciar

Vanessa Ferrer Silva. Responsable de Marketing para medianas y grandes firmas en Thomson Reuters Aranzadi. Licenciada en Derecho

A la vida profesional, la familiar o a la personal, pero a alguna tienes que renunciar.

En la conciliación sé que vivo una situación privilegiada frente a un alto porcentaje de mujeres porque no he tenido que renunciar a nada.

Una parte de mi situación privilegiada es fruto de una casualidad. El día que nos confinaron mi padre debía recoger su NIE para poder regresar a Venezuela. Durante el confinamiento le caducó el pasaporte y hoy sigue esperando su prorroga y mientras vive conmigo, ayudándome a conciliar. Como veis es una situación difícilmente mantenible en el tiempo, pero que me ha permitido seguir trabajando sin tener que renunciar.

No miento si digo que las mujeres somos las que pagamos el coste de la conciliación y que esto hace que estemos en una continua desventaja en el ámbito laboral. En marzo publicaba la asociación Yo no renuncio del Club de Malasmadres los resultados de la encuesta “el coste de la conciliación” y me quedo con un dato:

  • el 64% de las mujeres con hijos e hijas ha asumido algún coste laboral, ya sea reduciendo su jornada, cogiendo excedencia, rechazando empleos por sus horarios o abandonando el mercado laboral.

¡6 mujeres de cada 10!

Si me remonto al periodo del confinamiento, estoy 100% segura de que sin mi “situación privilegiada” hubiera formado parte de 64 % de mujeres que tuvieron que renunciar para cuidar a sus hijos. Y tenía la suerte de que mi empresa sí había implementado el teletrabajo, si era (casi)imposible teletrabajando no digo lo imposible que tuvo que ser la presencialidad.

Si pienso en el después del confinamiento, y pienso en las cuarentenas, también estoy segura de que podría haber formado parte ese porcentaje (no de renuncia sino de merma económica) y si no lo hice fue por las medidas que había adoptado mi empresa, de nuevo una “situación privilegiada”.

Estas medidas no son fruto de la casualidad ni se toman de la noche a la mañana. Mi empresa tenía y trabajaba en un plan de contingencia para estos casos. Llevaba tiempo preparándose para modelos híbridos y eso permitió que el 1 día estuviéramos el 100% de la plantilla trabajando sin incidencias, lo que hizo que la pandemia no perjudicara los resultados de la compañía.

Entonces ¿están obligadas las empresas a implantar medidas de conciliación?, no, no lo están, lo que establece el art 34.8 ET: “las personas trabajadoras tienen derecho a solicitar las adaptaciones de la duración y distribución de la jornada de trabajo, en la ordenación del tiempo de trabajo y en la forma de prestación, incluida la prestación de su trabajo a distancia, para hacer efectivo su derecho a la conciliación de la vida familiar y laboral”. No es, por tanto, un derecho como tal pero claramente es necesario.

Establecer jornadas partidas cuando la actividad de la empresa no lo requiere, no implementar el teletrabajo cuando es posible o reducir la jornada para conciliar habiendo otras formas, son ejemplos de medidas que no tienen sentido hoy en día y la pandemia ha venido a ratificarlo.

Pero y ¿por qué una empresa puede decidir no tener políticas de conciliación? Aunque es verdad que las organizaciones cada vez son más flexibles en cualquier actividad económica, es necesario que el gobierno apoye y beneficie con absoluta rotundidad a las empresas que implementen el teletrabajo o que permitan jornadas híbridas y flexibilidad horaria. Solo así los trabajadores, con o sin hijos, encontrarán un equilibrio entre su trabajo y su vida y sólo cuando esto pasa tienes a trabajador@s comprometidos, que suman y que son parte de la estrategia de la compañía.

La maternidad o paternidad no es en absoluto un obstáculo para ser un excelente profesional, de hecho, en mi experiencia personal, los hijos dan otros poderes y habilidades que no conocías antes, y estoy claramente rodeada de compañer@s comprometid@s y poderos@s.

También tengo claro, que las situaciones privilegiadas son difíciles de mantener en el tiempo. Temo cuando la mía termine, pero temo aún más que cuando esto ocurra no esté en una empresa con políticas de conciliación reales y con responsables que faciliten más esas medidas. Agradezco y valoro lo que tengo porque sé lo que supondría no tenerlo.

Debo dejar de ser una privilegiada. Debemos exigir políticas de conciliación al gobierno para que la adopción de medidas que impidan la renuncia a la vida profesional, familiar o personal no dependa de la suerte o del compromiso de la empresa donde trabajes.

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