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14/04/2024. 16:21:05

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Crónica de una guardia: ‘la mula’ que marcó mi permanencia en el Turno de Oficio

Mª Esperanza Marcos Juárez. Abogada. Secretaria Junta Directiva ALTODO
Mª Esperanza Marcos Juárez

Fue una triste historia que se convierte en bella y que marcó definitivamente la prosecución en la defensa de oficio.

Era un día de aquellos, de tantos, cuando comenzaba en el turno de oficio, aunque en honor a la verdad, debo decir que en “el turno” nunca un día es igual que el anterior; era allá por el año 1996, en una guardia, en la que me fue designada una asistencia, -para mi entonces insólita-, tenía que ir al Hospital GREGORIO MARAÑÓN donde se encontraba bajo custodia una mujer, a la que tendría que asistir por un presunto delito contra la salud.

Lo que me encontré en aquella habitación  de Hospital fue la escena mas dantesca y triste que había vivido por entonces; a penas tenía 20 años, sentada en una silla a la que se encontraba esposada y custodiada por dos guardias civiles, esperando a defecar los 700gr de cocina que traía en sus intestinos  desde Medellín; nunca había salido de su país, Colombia, en donde dejó a su bebe de apenas un año; la habían embarcado en un avión y le habían dicho que en destino la recogerían. Nunca imaginó el calvario que le depararía su llegada a España.

La encontré muy asustada porque, ya en el Hospital al que directamente fue trasladada desde el Aeropuerto de Barajas, le habían informado del grave riesgo para su vida si una de las bolas de cocaína se reventaba en los intestinos. Cuando me vio y le dijeron que era su Abogada  se le ilumino la cara, fue la primer vez que me llamaban doctora (ese era el tratamiento a lo/as abogadas en su país); la noté aliviada por el hecho de que era como ella, mujer, y sentí que  Ella intuía -con esa clase de inteligencia que se despierta en estado de peligro-, que era su cara amiga y que la podía entender y ayudar.   Pedí intimidad, y fue cuando me contó el horror que la había llevado hasta allí,  pues si no accedía a ingerir  las bolas y viajar a España, su familia pagaría las consecuencias. Enseguida empaticé con ella.

Aquella mujer estuvo en prisión provisional 11 meses, hasta que conseguí que la Audiencia Provincial la absolvieran acogiendo la eximente completa de miedo insuperable que en su defensa solicité al Tribunal. Fueron once meses de ir a visitarla a la cárcel,  de conocer día tras día la historia de la vida de aquella mujer.  De preparar su defensa,  de ahondar en sus raíces, su familia… Poco a poco se fueron perfilando los medios para probar la eximente que una principiante abogada en el turno de oficio,  de forma insólita pretendía.

 Por entonces los del Jgdo. de Instrucción donde turnó el asuntó, me animaban a no involucrarme tanto en la defensa pues al fin y al cabo era una “mula” (así se las había apodado),  carne de cañón y estaba condenada; a mi aquello me alteraba el ánimo, pues me repugnaba la “fama” que se tenía  de la abogacía de oficio (afortunadamente muy diferente al día de hoy); ¿cómo era posible la falta de respeto a la presunción de inocencia y las circunstancias del que presuntamente había delinquido?; sólo pensaba en que,  si no me empeñaba y si no ponía todo mi ahínco profesional, aquella mujer  vería a su bebe cuando este casi fuese mayor de edad. Ella nunca perdió la confianza en mi; sabía de mi compromiso en hacer la mejor defensa.

Aquellas Navidades en el calor de la familia pensaba en ella y la historia de su vida que me había confiado; en lo profundamente agradecida que me trasmitía estaba por mis visitas y por creer en ella, me decía “doctora pase lo que pase quiero que sepa que es usted mi ángel, y creo en usted”; nunca la engañé, siempre le dije todas las dificultades de su defensa; ella se esmeraba en ayudarme con su defensa; escribía a una Tía suya monja Carmelita,  a través de la cual pudimos contactar con su familia y conseguir “el milagro”  de probar su defensa,  “la eximente completa de miedo insuperable”. El Tribunal en uno de sus fundamentos de derecho decía “NO hace ese Tribunal un ejercicio infantil de credulidad……se ha probado…….”   .

Se leyó en la vista de aquel juicio oral, por el Magistrado ponente,   una carta de aquella monja carmelita, dirigida al Tribunal.  Un silencioso milagroso y una consternación al devenir en el conocimiento de una realidad notoria y el sufrimiento de quienes son sus victimas.

Me llamo personalmente el presidente de la Sección y me dijo “Letrada hemos absuelto a su cliente y la vamos a poner ahora mismo en inmediata libertad, vaya usted a recogerla al centro penitenciario y llévela a una casa de acogida”; iba conduciendo, paré el coche en el arcén, se me cayó al suelo aquel móvil de los primeros Nokia, y volví a llamar, no me lo podía creer, y quería saber a dónde la tenía que llevar.

Cuando salió,  la estaba esperando,  no entendía nada y tenia miedo, estuve con ella hasta media tarde; la deje en una casa de acogida en Alcorcón. Todos los medios de comunicación españoles e internacionales se hicieron eco; recibí  llamadas de casi todos los continentes; y  del Embajador de Colombia en España para dar las gracias, por haber logrado demostrar su inocencia y que se hiciera justicia.  A los meses consiguió volver a su País.

Comprendí la dimensión del compromiso con la defensa de los que no tienen medios, de los mas vulnerables; aprendí a recibir a cambio la mejor de las recompensas,  la gratitud a tu trabajo en la defensa de oficio. Hoy aún guardo,  y me sonrío cuando lo veo,  aquél rosario chiquitito de madera humilde que me hizo llegar aquella monja carmelita desde Cartagena de Indias.

Cobró entonces,  sentido profundo el  compromiso con la abogacía de oficio, la defensa del que no tiene medios y no nos elige, la defensa de la dignidad del justiciable.

La importancia de la confianza que el cliente de oficio deposita en el abogado/a que se le asigna y en la importancia de ajustar nuestro ejercicio profesional para no defraudar  esa confianza; entendida como la esperanza y expectativa del justiciable  que actuaremos movidos por la idea de que cuentan con nosotros y que contamos con los conocimientos para la defensa de sus intereses, a los que nos entregaremos con  honradez, probidad, rectitud, lealtad, diligencia y veracidad , exigibles deontológicamente. 

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