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16/04/2024. 09:43:18

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Sumando esfuerzos nos convertimos en personas invencibles

Inmaculada de la Haza, presidenta del COAPI y socia de Balder
Inmaculada de la Haza

Cuando llega el momento de elegir la carrera que vamos a estudiar, nos aventuramos a predecir cual será nuestro futuro profesional en función de qué actividad nos llama la atención y nos resulta atractiva y qué otras descartamos porque están fuera de nuestra lista de preferencias. Defendemos ese porvenir con tanta convicción como con una evidente falta de experiencia

Estudié la carrera de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Hablo de esta etapa de mi vida con nostalgia y la recordaré siempre como una de las mejores. Durante cinco años, me sumergí en un mundo que me atrapó desde el principio. A la atracción inicial por el Derecho, que aun hoy continúa, se sumó la admiración por un buen número de profesores a los que tuve la fortuna de conocer. Tanto es así que ya en los primeros años de carrera había tomado la decisión de continuar mi formación en el ámbito docente. Al finalizar la carrera ejercí como profesora de derecho procesal.

El dogmatismo inicial en nuestras opiniones sobre aquello que nos gusta y lo que no, sobre lo que estamos dispuestos a hacer, y lo que no haríamos bajo ningún concepto, se diluye con los años y se transforma en posturas y actitudes más flexibles. Las circunstancias laborales y personales nos convierten en un junco que se va adaptando y abriendo a nuevas posibilidades que ni siquiera habíamos contemplado.

Tras la etapa docente se presentó la oportunidad de ser asistente parlamentaria de un miembro de la Mesa del Congreso de los Diputados. Después de esta experiencia, sin duda valiosa y enriquecedora, ejercí como abogado abriéndome paso en una faceta de la formación que había recibido y que aún tenía por explorar.

Cuando pensaba que atravesaba una “fase valle” de mi carrera me encontré con la que sería mi gran oportunidad profesional. En un entorno exigente y del que recibí   formación y amplia experiencia, me especialicé en Propiedad Industrial y aprobé el examen de Agente dando un giro radical a lo que hasta ese momento había sido mi trayectoria.  

Al margen de las distintas etapas por las que he pasado, y que han quedado descritas, puedo presumir de haber afrontado el trabajo con pasión y entusiasmo. Siempre he valorado lo que he recibido y he considerado que superaba con creces mi propia aportación personal. El sentimiento de pertenencia a un grupo, el estímulo que representa perseguir un objetivo común, la sorpresa al descubrir nuevas capacidades, y el fuerte sentimiento de compromiso, son entre otras muchas las recompensas que he tenido la suerte de identificar y reconocer.

De todo lo que empezó a ocurrir a partir de entonces destaco mi condición de socia de BALDER, firma que ocupa una destacada posición en el campo de la Propiedad Industrial y mi participación en la Junta directiva del COAPI, que presido actualmente.

Soy una mujer privilegiada por haber alcanzado reconocimiento profesional en mi firma y por ostentar la presidencia de una institución que va a cumplir 100 años y que por primera vez en su historia va a ocupar una mujer. Ambas cosas son fruto del esfuerzo personal pero también debe reconocerse un éxito colectivo en este resultado.

Cuando una mujer es discriminada, cuando le negamos el reconocimiento profesional que por sus méritos le corresponden, fracasamos como sociedad.

Empecemos a revertir este proceso y a combatir esta lacra social, aplaudiendo a cada mujer que triunfa y reconociendo en este resultado un éxito colectivo, un éxito de la sociedad en su conjunto.

Nadie pone en duda que la presencia de la mujer en el trabajo y el derecho a la igualdad de oportunidades es un proceso imparable e irreversible. Si ponemos el foco en los casos de éxito y analizamos todo aquello que ha salido bien podremos replicar el modelo y acelerar la carrera por la igualdad.

Mis logros profesionales son también el éxito de un sistema educativo que funciona, el de un sistema laboral que ha sabido identificar el talento y ponerlo en valor, y el éxito de muchos hombres, hay que decirlo, que han tenido la inteligencia y la preparación suficiente para   reconocerme como un igual y para brindarme una oportunidad, transmitiendo en todo momento franqueza y confianza.

Los focos están ahora puestos en mi porque soy presidenta de un colegio profesional, permítanme que yo destaque la naturalidad con la que he llegado hasta aquí y ponga el foco en todos aquellos que han cumplido la función a la que estaban llamados y han contribuido a este éxito.

Sumando esfuerzos nos convertimos en personas invencibles. La igualdad se conseguirá cuando demos reconocimiento a todos y cada uno de los que con su actitud contribuyen a este resultado que nos beneficia a todos como sociedad.

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