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22/06/2024. 17:42:06

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La compostura del abogado en sala

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog
Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla

  • Un erróneo comportamiento en sala no puede asociarse o identificarse exclusivamente con una actuación irrespetuosa
  • Por compostura entendemos el actuar con un comportamiento comedido, moderado y discreto en el hablar y actuar

Un elemento esencial a tener en cuenta por todo abogado es saber estar y comportarse en el foro, pues de lo contrario, de poco le valdrá su brillante elocuencia ante un auditorio poco receptivo, escasamente atento y consecuentemente nada proclive a la argumentación de quien actúa de forma desatinada en sus maneras. No obstante, un erróneo comportamiento en sala no puede asociarse o identificarse exclusivamente con una actuación irrespetuosa, sino que existen múltiples conductas que, sin alcanzar la grosería o insolencia, pueden integrarse en una conducta desacertada en sala que, por nuestro bien y el de nuestro cliente, hemos de detectar, observar y corregir.

Si bien los abogados disponen de las correspondientes disposiciones reguladoras del comportamiento en sala, lo cierto es que existen otras reglas que derivan de la práctica y experiencia forense y que, no estando escritas, son reconocidas ampliamente por los operadores jurídicos, y muy especialmente por los jueces, quienes, en su condición de testigos privilegiados, pueden visualizar y detectar dichas faltas, auxiliando con ello a la formación de un código no escrito de los comportamientos más recomendables.

¿Qué entendemos por compostura?

Expuesto lo anterior, por compostura entendemos el actuar con un comportamiento comedido, moderado y discreto en el hablar y actuar, ajustado a las circunstancias de tiempo y lugar. Por lo tanto, la pérdida de la compostura supone la entrada en conductas indeseadas que se caracterizan por la desproporción en el saber estar, perdiéndose la mesura y decoro exigidos por dichas circunstancias.

Por ello, en un auditorio como el forense y por razones obvias, los abogados deberán mantener la compostura, actuando con discreción, moderación y comedimiento tanto cuando se encuentren en el uso de la palabra como cuando estén interviniendo cualquiera de las personas que participan en el acto. Por lo tanto, la compostura requiere de un comportamiento tanto activo como pasivo.

Si bien podemos pensar que es difícil caer en estas actitudes durante un acto judicial, lo cierto es que, en ocasiones, en los juicios de gran duración o con numerosos testigos, existe la tendencia a que nos relajemos y, en ocasiones, caigamos sin saberlo en conductas que pueden ser reprobadas por el juez o el presidente del tribunal a través de una llamada al orden.

Entre aquellas conductas que son destacadas por los jueces, y que podrían incardinarse en la falta de compostura se incluyen las siguientes:

Sentarse de forma inadecuada o arrellanarse en la butaca. Efectivamente, es muestra de falta de respeto a los intervinientes en el acto del juicio el adoptar posturas que manifiestan una actitud de desdén, desinterés, desapego a un acto de tanta trascendencia e importancia. A pesar de que algunas vistas son muy prolongadas y algunas pierden el interés, lo cierto es que el abogado, por profesionalidad, por dignidad y por respeto, está obligado a mantener en todo momento una posición que garantice la atención en todo lo que está ocurriendo en sala. Para evitar esta falta, es fundamental que durante el juicio nos mantengamos erguidos, con la espalda derecha, con una leve inclinación hacia delante cuando estemos interviniendo, y apoyados en el respaldo cuando no sea nuestro turno, pero, insisto, siempre derechos.

Jugar con el bolígrafo o con cualquier otro objeto. Esto es algo que los jueces observan y que no es de su agrado. Naturalmente, a veces se manipula un objeto como técnica para concentrarse, pero cuestión distinta es hacerlo ostensiblemente y con el único fin de encontrar distracción en el objeto manipulado, perdiéndola en el contenido del acto judicial. Si el jugueteo se produce mientras informamos o interrogamos, el objeto en cuestión se ganará toda la atención del auditorio en detrimento de nuestra defensa.

Comer chicle. Aunque parezca increíble, muchos jueces se quejan de que tal o cual abogado estaba mascando chicle durante el acto del juicio, lo que supone que esto ocurre realmente… En mi opinión, aunque sea un placer mascar chicle, el hacerlo durante un acto judicial supone una auténtica vulgaridad y ordinariez que puede rozar la insolencia frente a los presentes.

Realizar gestos y señales de desaprobación. Bien sean estas actitudes dirigidas expresamente a unos concretos destinatarios (el abogado adverso, un testigo, etc.) como realizados de forma genérica, constituye una conducta irrespetuosa e inapropiada en un abogado. Cierto es que en ocasiones el abogado puede sufrir situaciones de extremada tensión, pero precisamente el saber estar del mismo radica en mantener la calma y, orientado por la prudencia, emplear las herramientas legales de las que disponemos para tratar corregir aquello que no se ajuste a la legalidad o, en su caso, soportar aquellas decisiones o situaciones que nos disgusten.

Sobreactuar. Los actores, cuando sobreactúan, exageran el tono o actitud del personaje que encarnan, realizando con ello una interpretación exagerada y carente de naturalidad. Aplicado a la intervención del abogado en el foro, sobreactuar equivale a exteriorizar en sus intervenciones una actitud exagerada, poco natural, y en consecuencia poco creíble y verosímil, alejando con ello las opciones persuasivas que lo animan. Estas actitudes, que solían presenciarse y tenían cierto sentido en la oratoria de principios del siglo pasado, se caracterizan por un uso exagerado del estilo patético, que más que conmover, puede, en ocasiones, constituir un elemento de diversión de los presentes, sin olvidar que pueden igualmente mostrar comportamientos arrogantes y toscos perfectamente reprobables.

En definitiva, los abogados hemos de cuidar estas actitudes asociadas a una falta de compostura que ningún bien hacen a lo que realmente importa: la defensa de los intereses de nuestro cliente.

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