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06/10/2022. 06:33:28

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Orwell y literatura digital

El escenario informático se ha convertido, no es preciso recordarlo, en el moderno campo de batalla de los derechos de Propiedad Intelectual. Las obras fonográficas y los propios programas informáticos se han convertido en los elementos más conflictivos, a través de los conocidos medios técnicos que permiten su reproducción o copia no autorizadas en la Red y sobre los que LEGALTODAY ha tenido oportunidad de publicar diversos artículos. Sin embargo, la selva interactiva sigue creciendo, y ahora son las obras literarias las que comienzan a verse rodeadas de maleza.

Orwell y literatura digital

El e-book o libro electrónico es el siguiente quebradero de cabeza: un aparato dotado de una pantalla digital que permite la descarga (en el formato adecuado) y visualización de cualquier texto. El e-book no es, en sí, una novedad -existen modelos comercializados internacionalmente desde al menos hace 3 años-, pero su uso y su explotación comercial apenas han comenzado a presentar el género de problemas a que habremos de acostumbrarnos. El más reciente de ellos tiene algo de metafórico, y mucho de literario: la empresa norteamericana Amazon, líder en la categoría de comercio electrónico de obras fonográficas, videográficas y literarias, lanzó comercialmente su propio e-book (llamado Kindle) a finales de 2007. El planteamiento comercial de Amazon se prometía brillante; el mayor distribuidor-vendedor de obras literarias a través de la Red presentaba su propio reproductor de texto electrónico, idóneo para la descarga y lectura de un amplio catálogo de obras digitalizadas que la propia empresa distribuía en Internet. Si bien la crisis económica y la rápida reacción de otros competidores (Sony lanza su nuevo modelo Reader de forma inminente) disputaban a Amazon la hegemonía comercial, Kindle partía con una más que apreciable ventaja.

Sin embargo, Amazon está empezando a encontrar escollos en el camino: el uso de los libros electrónicos no es tan sencillo. Sin ir más lejos, todos los usuarios de Amazon que contrataron la descarga de 1984 y Rebelión en la Granja de George Orwell para sus e-books se encontraron, hace apenas unos días, con que dichos títulos habían desaparecido materialmente de sus reproductores. Sencillamente, Amazon los había borrado (procediendo, eso sí, a devolver el precio pagado por los usuarios) cumpliendo un requerimiento de la editorial de origen, que no tenía los derechos para la publicación digital de dichas obras. Dejando de lado el problema de la gestión de esos derechos de edición electrónica, lo que llama la atención es cómo la descarga de un libro a través de un servicio como Amazon puede no conferir al usuario más que la limitada facultad de visualizar el texto descargado. En verdad, el usuario no deviene propietario de nada, pues Amazon retiene un control sobre la obra que le permite, eventualmente, hacerla desaparecer del reproductor. De manera que lo que estamos contratando a día de hoy, si descargamos una obra literaria, no guarda la menor relación jurídica con lo que, desde la invención de la imprenta hasta aquí, hemos entendido como "comprar un libro". A la compraventa y subsiguiente adquisición de dominio sobre el libro como objeto (no la obra, por supuesto), sustituye ahora el pago de una cantidad por acceso a la representación informatizada de un texto que, si puede ser eliminada a conveniencia del suministrador, seguramente también podría ser modificada sin que el lector tenga el menor control sobre ello, por ejemplo. No parece casual que fueran dos obras de Orwell las afectadas por la polémica: el Gran Hermano ahora es el dueño de la biblioteca.

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