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26/05/2024. 02:19:06

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Vuelven los pop-ups

Socio fundador de Avezalia, firma especializada en el asesoramiento jurídico integral TIC

manos en portatil

No es que volvamos a la década de los 60, aunque muchos vistan hoy así. No es que regresen los Beatles, pues resulta imposible, aunque desearíamos más grupos como aquel. No. Lo que vuelven son los pop-ups.  

Los pop-ups, o ventanas emergentes en español, es una de esas palabras que las Nuevas Tecnologías, y en especial Internet, nos ha traído al vocabulario de cada día. Al final aprenderemos inglés a base de estar todo el día navegando. La diferencia entre un pop-up y una "nueva pantalla", es que la primera no es solicitada por el usuario, sino que "salta" sin su consentimiento mientras está navegando.

Por regla general, las ventanas emergentes tienen un fin publicitario, lo que supone toda una agresión para el navegante, al menos para el que está escribiendo estas letras (que incomodidad tener que estar cerrando ventanitas). Pero peor que las ventanas emergentes son las denominadas pop-under, es decir, aquellas ventanas que, como los pop-ups, se abren sin tu consentimiento pero te encuentras una vez cierra por la que estás navegando, de ahí su nombre. La finalidad sigue siendo la misma, publicitaria, aunque en esta ocasión te interrumpen cuando has terminado de navegar (muchas gracias por la deferencia), y que listos ellos: es más complicado saber de que página procede.

¿Nunca os ha ocurrido que a un pop-up se han abierto en cascada multitud de ventanas emergentes? Nunca se sabe quién está detrás de un pop-up.

Esta técnica era muy extendida allá por finales de los noventa, principios del nuevo siglo. Era tan intrusiva, que la navegación en ocasiones era una odisea. Para suerte de la mayoría, llegaron los bloqueadores tanto de los antivirus como de los propios navegadores. Y también gracias a Firefox. Pero para unos pocos supuso ponerle trabas para poder hacer lo que quisieran con el navegador de otros.

Pero parece ser que los pop-ups han vuelto, para desesperación de algunos y regocijo de otros. Y lo hacen no solo en la pequeña pantalla (no la del televisor, que cada vez se parecen más a la de los cines, sino a la del ordenador), sino también en el móvil. Y es que el teléfono móvil tiene un futuro prometedor, y aun no ha mostrado todas sus posibilidades. Y algunos me tachaban de loco cuando les comentaba de la importancia de tener una web ".mobi".  

Parece que algunas empresas no se dan cuenta que la publicidad no querida crea en el usuario mayor rechazo y, por ende, resulta perjudicada su imagen. Y lo que más molesta, al menos a mi, es que le das a cerrar la dichosa ventana emergente, y resulta que <<donde dije "X" dije abrir>>, y mi acción, sin quererlo, me llevó a otro website. ¿Me estáis engañando? Lo digo en voz alta, desconfiad de los websites que realizan estas prácticas.

Hace pocos meses me encontré con un pop-up que, para mi asombro, me gustó lo que ofrecía. En principio creía que era una simple aplicación informática, gratis, pues así lo vendía. Y digo bien: lo vendía, porque te solicitaban pocos datos, para ser exacto solo te pedía uno, el teléfono móvil. Pues bien, la aplicación informática no era tal, sino un servicio de alertas en el móvil sobre todos que te podías descargar. Todos los días me enviaban SMS para que, enviando a su vez un mensaje a un número Premium (aquellos que tienen cuatro cifras), me bajase la última canción que sonaba en la discoteca (ni que me interesara). Te informaban que dicho número Premium tenía un coste, pero de lo que no te informaba es que, el servicio de alerta, es decir, aquel por el cual me enviaban un SMS todos los días, tenía también un coste. Si no me llego a dar cuenta pronto, la factura hubiera sido bien distinta.

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