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Blog ECIJA 2.0

22 de Febrero de 2016

Judit Garrido

abogada de IT de ECIJA

Retos estratégicos de las ciudades del futuro

Gran volumen, gran variedad y gran velocidad de datos. Pocos recursos, pocos límites jurídicos y técnicos y poco control para gestionarlos. Ahora bien, como resultado de estos pros y contras nace el Big Data y, con él, las Smart Cities o “Ciudades Inteligentes”.


Para que estas ciudades puedan afrontar los principales retos tanto en el ámbito jurídico como en el de seguridad y considerarse optimizadas mediante el uso de la tecnología, es necesario que se regulen unos mínimos que garanticen todo lo anterior. Ya que no se trata de una cuestión sencilla  definir y delimitar de manera clara y concreta esta nueva modalidad de ciudad, se ha recurrido a las normas certificadoras como la UNE 178303; la UNE-ISO 37120 y la UNE 178301:2015. De esta manera, se intenta apreciar el nivel de madurez del tratamiento y publicación de todos los datos abiertos que se gestionan en las ciudades.

Las Ciudades Inteligentes apuestan por un entorno 2.0 y por las nuevas tecnologías, sin olvidar los factores básicos que constituyen la base de su sostenibilidad: el medio ambiente (Smart Environment), la economía (Smart Economy) y la sociedad (Smart People); es decir, el factor naturaleza, el factor producción y análisis de bienes y servicios y, finalmente, el factor humano, entre muchos otros. ¿Quién no ha oído hablar de aplicaciones para móviles que permiten medir la contaminación acústica, como es la app NoiseWatch, o aplicaciones como World Figures, que permiten comparar los indicadores económicos de cualquier índole entre diferentes países? O incluso ejemplos más conocidos, como es BiciMAD, en el caso de la ciudad de Madrid, que permite a los ciudadanos ver qué bicicletas eléctricas están libres y dónde se encuentran para poder ir de un sitio a otro de manera sencilla y ecológica.

En un contexto de datos abiertos, donde puede ser necesario reutilizarlos, tiene que haber una regulación o criterios mínimos de actuación comunes para todas las ciudades que tengan el mismo patrón de políticas "smart". En los últimos años, Barcelona ha desarrollado un "city protocol", como marco de innovación y cooperación para encontrar soluciones que beneficien a los ciudadanos, sobre todo en su calidad de vida. Se intenta así fomentar el desarrollo de ciudades hacia una misma dirección, sin olvidar las características de cada una de ellas. Ahora bien, hay que tener presente que, si bien puede parecer positivo proponer "city protocols", no debemos olvidar que las ciudades inteligentes están rodeadas de otras poblaciones y, para poder alcanzar los objetivos propuestos, también deben estar adaptadas, a escala supramunicipal, como lo están las ciudades.

Por lo tanto, no cabe duda que estamos rodeados de una red de servicios públicos, en la que se puede acceder a datos abiertos y públicos en tiempo real con tan solo un punto de conexión a Internet. De esta forma, el crecimiento tecnológico se produce de manera colaborativa a través de varios ejes en común como:

  • La adaptación hacia infraestructuras que permita mejorar las telecomunicaciones digitales.
  • La creación de espacios inteligentes e innovadores.
  • El desarrollo de programas y estrategias que ayuden a poner en marcha los dos puntos anteriores.

Así pues, una ciudad inteligente no se convierte en ello empezando de cero, si no que se trata de procesos colaborativos adaptados a los dispositivos tecnológicos de los que dispone y a la necesidad ciudadana. De esta manera, tanto el gobierno como los organismos públicos podrán fomentar el uso inteligente de las nuevas tecnologías y el buen uso y gestión del multiflujo de datos que circulan en la ciudad. ¿Será posible conciliar el avance tecnológico con la normativa en materia de protección de datos y de defensa de los consumidores que existe en la actualidad? Precisamente en este punto es donde se podrá encontrar un posible equilibrio, sacando el máximo partido al procesamiento masivo de datos y la digitalización de todo cuanto nos rodea, pero con un límite: el respeto a los derechos y la privacidad de las personas.

Si bien puede parecer utópico lograr y adaptar un desarrollo económico sostenible y al mismo tiempo una buena calidad de vida, que no afecte negativamente a los recursos que tenemos, no debemos olvidar que el mundo digital crece a un ritmo vertiginoso. Ya sean tanto microsmart cities como big cities, ninguna podrá permanecer al margen de todas estas transformaciones que nos depara el futuro.


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