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5 de Junio de 2019

Cuando lo innovador es no innovar

  • La ciudad de San Francisco nos acaba de sorprender con una ordenanza municipal que prohíbe el reconocimiento facial, una normativa histórica en la medida en que prioriza la defensa de los derechos civiles sobre los avances tecnológicos y, además, alerta de que, en el caso del reconocimiento facial, las amenazas del uso de esta tecnología superan a los posibles beneficios.

Lo llamativo de la noticia es que sea precisamente San Francisco, una de las ciudades cercanas a uno de los polos tecnológicos más importantes del mundo, Silicon Valley. Tal vez sea esta una de las razones por las que, dentro de toda la vorágine innovadora en la que estamos inmersos, nos lleve a hacer una parada y una reflexión sobre donde están los límites de la innovación.

Fernando Biurrun Abad,
Abogado.
Fundador de Law&Trends
Consultor de Social Media @fbiurrun


¿Debemos innovar a cualquier precio?

Hace más de un año en traía a esta sección una reflexión sobre la implantación que se estaba haciendo en algunos países del control de las personas utilizando la tecnología del reconocimiento facial. China, uno de los Estados promotores, la desarrolló para controlar a los disidentes y delincuentes, para luego llevarla a controlar las calles de las ciudades, incluso para multar a viandantes que se saltan un semáforo en rojo.

Alemania, Rusia, los Estados Unidos también son países que esta haciendo uso de la mencionada tecnología no siendo siempre todo lo satisfactoria, así las policías americanas que hacen uso del reconocimiento facial han cometido más de un error en la identificación de personas, ya que la tecnología tiene un alto porcentaje de error en la identificación de las personas de color.

Recientemente, la Unión Europa ha aprobado crear una base de datos con huellas dactilares y reconocimiento facial de las personas que entran en el espacio Schengen. Su objetivo, prevenir atentados terroristas y controlar el crimen organizado, uno de esos beneficios de los que la ciudad de San Francisco puede considerar mínimos ante los riesgos que supone esta tecnología.

La ordenanza señala en su texto los riesgos de las tecnologías de vigilancia: "Si bien la tecnología de vigilancia puede amenazar la privacidad de todos nosotros, los esfuerzos en vigilancia se han utilizado históricamente para intimidar y oprimir a ciertas comunidades y grupos más que a otros, incluidos aquellos que están definidos por una raza común, etnia, religión, origen nacional, nivel de ingresos, orientación sexual, o perspectiva política (...) La propensión a que la tecnología de reconocimiento facial ponga en peligro los derechos civiles y las libertades civiles supera sustancialmente a sus supuestos beneficios".

Un texto histórico

Podemos hablar de un texto que puede resultar histórico por la precisión con la que define la amenaza que suponen los sistemas de vigilancia unidos a tecnologías como la del reconocimiento facial, y la explosión que todos ellos juntos tienen si las identidades se asocian con todos los datos personales, de opinión, imágenes, vídeos, datos físicos, de salud, geolocalización, etc... que almacenamos en aplicaciones de nuestro smartphone, en redes sociales, en los gestores de correos electrónicos, y otras tantas aplicaciones webs a las que alimentamos con nuestra información.

Hablamos pues de una tecnología que los Estados justifican su uso para mejorar la seguridad y que las empresas la han empezado a usar para facilitar los pagos, el acceso a dispositivos, para mejorar el conocimiento y los hábitos del consumidor...

Una tecnología por la que dejamos de ser seres anónimos en los espacios públicos, en la medida en que, simplemente por circular por ellos, podemos ser identificados y, según la información que se almacene y las finalidades que tengan, puede llegar a tener un histórico de información donde nuestra privacidad quede en riesgo.

Estamos cada vez más cerca de las predicciones del Gran Hermano que lo controla todo. Por ello, tal vez, la medida adoptada por la ciudad de San Francisco sea lo más innovador del momento, decidir que no se va a innovar. Está claro, la innovación, la tecnología, los desarrollos informáticos, en suma, la imaginación, va muy por delante de la regulación, de la legislación. Los límites los pone la moralidad y la deontología, pero esto no es suficiente. Se ha abierto, una brecha, un precedente importante y ejemplar. Veremos hasta que punto la defensa de la privacidad, de los derechos civiles, genera tendencia.

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