- La culpa, en mi opinión, no es de los servicios asistenciales; para un profesional asistencial denegar una baja ante determinadas referencias o sintomatologías es muy complicado
- Es perfectamente posible identificar los segmentos de patologías o diagnósticos que más se prestan al fraude
Esta entrevista ha sido publicada en el número 1027 de Actualidad Jurídica Aranzadi (AJA), regístrarte una vez en este enlace y recibirás una comunicación con cada número desde la que podrás acceder a la revista en Legalteca.
El absentismo laboral se ha convertido en una preocupación creciente para muchas empresas en España. Desde su experiencia como abogado laboralista, ¿cómo describiría la situación actual?
La situación es muy preocupante, y afecta gravemente a la productividad en todos los sectores. Mucha gente cree que es sólo un problema de las empresas, pero no es así. Por un lado, el absentismo por enfermedad consume prestaciones de Seguridad Social, cuya caja es deficitaria, y amenaza a las futuras pensiones, y por otro, destruye la moral de las plantillas, provocando un profundo sentimiento de injusticia en las personas cumplidoras.
Además, la falta de productividad redunda en un empeoramiento de los indicadores económicos y en la recaudación, lo cual amenaza el mantenimiento del estado del bienestar. Muchos creen que vamos bien porque aumenta el PIB por efecto del gran aumento de población, pero lo relevante es el PIB per cápita, que se comporta de manera decepcionante. El estado del bienestar también es más caro si somos más, de modo que necesitamos mayor productividad para que sea sostenible.
¿En qué sector encuentran mayor absentismo laboral?
El absentismo ha aumentado (se ha duplicado) en todos los sectores, porque la causa es común a todos ellos, si bien es más pronunciado en los sectores menos cualificados y con salarios inferiores.
¿Cuáles considera que son las principales causas del incremento del absentismo en los últimos años? ¿Hay diferencias notorias con el resto de Europa?
Las causas son claras:
· Derogación de la causa objetiva de cese del absentismo intermitente.
· Nulidad casi automática del despido de persona en baja.
· Complementos de IT a cargo de las empresas que garantizan los ingresos estando de baja.
· Indiferencia frente al riesgo de pérdida del empleo en casos, por desgracia demasiado frecuentes, de salarios bajos.
La culpa, en mi opinión, no es de los servicios asistenciales; para un profesional asistencial denegar una baja ante determinadas referencias o sintomatologías es muy complicado.
Los sindicatos, erróneamente, creen que su deber es defender esta situación, y argumentan sin razón que hay más bajas por la presión en el trabajo. No creo que sea correcto presuponer que la salud de los españoles ha empeorado sustancialmente en una década, ni tampoco que las condiciones de trabajo sean peores, máxime cuando el desarrollo de las políticas de prevención de riesgos laborales es cada vez más eficaces, y se multiplican los derechos y permisos de las personas trabajadoras y los protocolos anti acoso.
¿Cree que la normativa laboral actual ofrece un marco adecuado para abordar este fenómeno o sería necesaria alguna reforma?
Hay que reformar el ordenamiento jurídico. Recomiendo analizar los informes anuales de AMAT (asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo, que son parte del Sistema de la Seguridad Social). AMAT recomienda intensificar las revisiones e Inspecciones de las bajas, y sobre todo moderar los subsidios de IT y los complementos de IT en los Convenios. Es perfectamente posible identificar los segmentos de patologías o diagnósticos que más se prestan al fraude. Las enfermedades objetivamente graves son muy evidentes.
¿Considera que el convenio colectivo de las empresas puede jugar un papel clave en la gestión del absentismo?
Los convenios lo único que pueden y deben hacer es condicionar los complementos de IT a niveles razonables de absentismo individual y/o colectivo. También pueden introducir incentivos a la productividad, pero sería conveniente que los tribunales no consideren discriminatorio premiar a las personas más productivas, en detrimento de los absentistas. Es absurdo confundir el premio al productivo con un castigo al improductivo.
En el debate empresarial se habla con frecuencia de absentismo laboral cuando en realidad se trata de bajas médicas. ¿Por qué cree que se produce esta confusión?
Estamos hablando de ausencias que cabe considerar justificadas, y que incluyen las bajas médicas, pero también los permisos legales y otras situaciones análogas (maternidad, paternidad, lactancia, etc.) son absentismo técnicamente e inciden en la productividad. Lo que ocurre es que en términos porcentuales el absentismo por IT de enfermedad común suele suponer entre el 60% y el 80% del absentismo. No obstante, la expansión legislativa de los permisos retribuidos en las reformas laborales de los últimos años también ha incrementado el absentismo y ha reducido la productividad.
En el contexto actual en el que nos encontramos, de cambio constante a nivel laboral, como es la implementación del teletrabajo, ¿cómo cree que evolucionará el fenómeno del absentismo en los próximos años?
El absentismo se acabará corrigiendo por parte de los poderes políticos y los agentes sociales. Me temo que, como suele ser habitual, se hará cuando algunos de sus efectos en las finanzas del sistema y en la economía general sean muy severos o incluso parcialmente irreversibles. El teletrabajo no puede confundirse con el absentismo. El teletrabajo es una herramienta muy interesante para un segmento minoritario de profesiones o actividades, especialmente aquellas en que lo relevante no es el tiempo de trabajo sino la calidad y el valor añadido de la labor.
En su amplia trayectoria, ha participado en negociaciones laborales de gran complejidad, incluso en entornos de alta exposición mediática. ¿Qué enseñanzas aportan esos procesos a la gestión de conflictos laborales dentro de las empresas? ¿Le gustaría comentar alguno de estos casos?
Mucha gente negocia, casi todo el mundo, en el trabajo y en la vida privada, y sin embargo no se imparte formación para negociar. Los negociadores son autodidactas y, en lugar de utilizar técnicas, actúan por impulsos, emociones o intereses de parte. Mucha gente olvida que el objetivo de negociar es ponerse de acuerdo, y que para ello hay que comprender los intereses recíprocos y estar preparado para modificar la posición propia, es decir, ceder. Es fundamental el respeto y la empatía: es mucho más difícil ponernos de acuerdo si nos llevamos mal.
Hay que tener en cuenta que cuando dos partes no se ponen de acuerdo porque son incapaces de mover sus posiciones, la intervención de un tercero que formule recomendaciones o propuestas suele ser muy recomendable, porque a determinados colectivos les resulta más sencillo justificar una concesión en base a la recomendación del mediador. En más de una ocasión una buena propuesta puede desencallar un conflicto sólo si parece que no ha sido una iniciativa del adversario.
Tras asumir la dirección del despacho fundado por su padre, ¿cuáles son los retos de futuro marcados al frente de Antràs?
Lo más importante es entender bien a qué nos dedicamos los laboralistas. Nuestra función es ayudar a solucionar problemas y conflictos, contribuyendo al desarrollo adecuado de las relaciones laborales y de la actividad empresarial. Para solucionar un conflicto, más que conocer las normas, lo importante es indagar en su causa, muy frecuentemente vinculada a la condición humana y al sentido común. Sólo así se presta un buen servicio. Es obvio que cada vez más muchos trámites y soluciones se buscarán en la IA. Nosotros debemos estar preparados para intervenir en los problemas o consultas que la IA no sea capaz de resolver, o en aquellos que la IA causará con total seguridad, por su falta de conocimiento, experiencia, sentido común y criterio, en relación con la condición humana. La inteligencia humana debe ser nuestra verdadera especialidad. Es fundamental que formemos en estas aptitudes a las nuevas generaciones, porque corren el riesgo de convertirse en meros usuarios de la IA y acaben perdidos como un viajero que se queda sin Google Maps y no conoce el camino.

