En estos momentos tan complejos a los que la postmodernidad nos ha encaminado, es imposible no encontrar respuestas ante la escasez y el infortunio en la filosofía contemporánea. Ya se ha dicho sobremanera que plantear respuestas simples a problemas complejos es caer en un espiral que retorna en el fracaso. Se debe proponer respuestas complejas, especialmente multidisciplinarias, que permitan valorar todas las circunstancias posibles del fenómeno para poder comprenderlo, analizarlo y responderlo.
Uno de los crisoles que permite entender el derecho penal es la lectura histórica, en la que se encuentran respuestas e interrogantes. Es así como el profesor Fernando Pérez Álvarez señala que:
“La aplicación de la ley a la realidad es producto de un complejo proceso de concreción. Por ello, nuestro estudio, la propia presentación de la ley penal, no puede ni debe sustraerse a un análisis pertinente de sus contradicciones históricas, ya que no es posible comprender ninguna rama del Derecho en su estado actual sin tener conocimiento de su desarrollo evolutivo a lo largo de los tiempos”.
Es así como el derecho penal no puede ser observado de manera aislada, sino que lo prudente radica en una visión multidisciplinaria que permita alcanzar la senda del entendimiento de mejor manera. El presente y el futuro son otros prismas que, en el primer caso, los observamos, pero no comprendemos con facilidad, mientras que el segundo nos proyecta, pero tiene el riesgo de caer en la especulación.
En nuestro sistema penal, como en muchos otros, el derecho penal ha seguido esta suerte de expansión que se evidencia por la tipificación de nuevos delitos que giran en torno al desarrollo capitalista neoliberal, como son los delitos que afectan a la propiedad intelectual, propiedad industrial o privada, y nuevas modalidades delictivas relacionadas con el cibercrimen que son naturales de la convivencia tecnológica de la segunda ilustración.
Ahora mismo, la vida es en una democracia de internet, este modelo neoliberal que va más allá de lo económico ha planteado una forma de existencia con las redes sociales y la digitalización de la vida que se relaciona con el derecho penal. Pero antes, es preciso señalar que hay pocas luces, comparados con las sombras, respecto de la democracia digital, aquella que tomó valor con el activismo digital y procuró la transparencia de la información, ante la falta de control y manipulación informática de la sociedad. Ya parece que la tecnología ha pasado a ser más que un instrumento, sino a tener cierta autonomía productiva y resolutiva, más aún con la integración de la inteligencia artificial en la cotidianidad.
En la actualidad, la sociedad ha tenido cambios significativos que tienen un impacto sustantivo en el derecho penal. Los cambios tecnológicos, políticos, económicos y sociales, entre otros, son relevantes para la configuración de las ciencias penales. No es lo mismo pensar la cuestión penal del siglo pasado que la del actual.
Ya se ha discutido desde hace muchos años que se vive en una sociedad en riesgo que va más allá de la política neoliberal económica que ha sido globalizada. Ya lo ha señalado Ulrich Beck: “En este sentido, la sociedad del riesgo produce nuevos contrastes de intereses y una novedosa comunidad de amenaza, cuya solidez política aún está por ver”. Esta amenaza no solo se ha reflejado, con el pasar de los años, en la economía y la política, sino también en la vida cotidiana. Sin duda, se cosechan los riesgos que el modelo económico neoliberal nos da, que cada vez es menos humano.
Byung-Chul Han ha realizado un magnífico trabajo, reflexionando desde la filosofía, pero ampliándose al resto de ciencias sociales, con su análisis y propuesta de la sociedad del cansancio, para lo cual, se mencionará algunos puntos. El primero, tiene que ver con las modificaciones al sistema económico y social, en el cual el poder ya no se ejerce por una violencia física, sino por la explotación de la libertad, que nos lleva a una supuesta autorrealización que no es más que aspiracional, y que termina generando una autoexplotación por la alienación de sí mismo.
Esto se observa en retrospectiva si se compara con las dictaduras militares en Latinoamérica, el intervencionismo bélico norteamericano en la política global, y la censura y persecución que se daba en mayor medida que en la actualidad hasta el transitar de la alienación mental y física de las personas, que viven ensimismadas en el ego, particularmente compartido por las redes sociales, que alejan a lo distinto y se acompañan con la intolerancia.
La manipulación de la psiquis por parte de los poderes económicos es un elemento importante de la sociedad del cansancio que se ha podido identificar desde hace algunos años por parte de las ciencias penales y criminológicas. Es así, que la opinión pública en conjunto con los medios de comunicación, han formado parte de la banalización del derecho penal, alejándolo del conocimiento experto. A este efecto se suma un cansancio generalizado de la sociedad que cuestiona, en diferente medida dependiendo de la región que tratemos, las instituciones e inclusive sobre la eficiencia de la propia democracia.
La sociedad del cansancio, al parecer va ignorando los límites jurídicos que establecen las constituciones. Esto, entendido como el pacto mínimo de convivencia, una vez que, con el modelo económico se exhibe una violencia que es normalizada y tolerada, en la desigualdad y la autoexplotación. Sin embargo, se debe recordar la importancia que debe tener el derecho, y no minimizarlo, sino integrarlo con la vida, para ser un bastión de defensa por la dignidad humana. La ignorancia deliberada del rompimiento de la razón con el derecho y la sociedad nos pone en una encrucijada compleja, nada fácil de resolver ante la multiplicidad de elementos distractores.
Este cansancio en la supuesta democracia liberal no puede y debe escapar de la óptica penal que, en muchos casos, se ha visto aislada del resto de ciencias sociales para comprender el espacio y tiempo en la que debe estudiarse y ejercerse. Por cuanto, es una relación no virtuosa en la actualidad entre las instituciones democráticas, las ciencias penales y la sociedad. Esto se observa en la expansión securitaria que deshumaniza a los procesados por ser enemigos de la sociedad, y, por tanto, del Estado. No son pocas las personas, e inclusive en ciertos espacios académicos profesores, que han adoptado directa o indirectamente estas ideas que terminan escrachando la noción de Estado de derecho. ¿Será producto del cansancio?
Hoy, la sobreexplotación en nombre de una supuesta libertad, en la que el rendimiento se opone a alcanzar el buen vivir. ¿Hemos dejado de ser humanos para ser máquinas de rendimiento? ¿Nos hemos olvidado del resto de aspectos de la vida por la obtención de resultados? Vivir en una sociedad de fatigados, que se expresa por el cansancio general, una sobreexplotación de nuestro cuerpo y mente, no se trata de un cansancio inspirador del común, sino uno que se encasilla exclusivamente en el yo. El factor dirimente en este contexto económico, que se sofoca con el idealismo de la libertad, mediante la capacidad económica disponible, ha llevado a que voluntariamente se otorgue una cantidad de tiempo incalculable de nuestras vidas, en torno al trabajo, descuidando y olvidándonos de nosotros mismos.
Este estado de burnout que se produce en el contexto del cansancio se da por esta idea de autorrealización desmedida que permite, en detrimento de su salud psíquica o física, buscar el éxito económico como su parámetro absoluto y narcisista. Desde una perspectiva del castigo, ya no es la sociedad disciplinaria que mucho se estudió a finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, donde primaba la obediencia, respeto irrestricto a la ley y el temor al castigo como lo reflexionaron excepcionalmente Freud o Foucault, se encuentra una sociedad que presiona socialmente y castiga de manera psíquica al distinto, al que no quiere autoexplotarse, y, por ende, quien no comparta el comportamiento será aislado del sistema.
Probablemente será uno de los desafíos más relevantes del derecho penal actual tomar en cuenta la sociedad contemporánea y los efectos de su sistema económico y global para la adaptación y aplicación de ciertos conceptos que la sociedad del cansancio propone. Más aún en un contexto latinoamericano donde la desigualdad es la regla y pocas oportunidades y buenas condiciones existen para la sociedad.


