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01/03/2024. 15:55:57

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Las 10 habilidades del abogado litigante: 2ª.- La atención plena en sala

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog
Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla

Continuando con la serie de las diez habilidades de litigación, hoy trataremos la importancia de la concentración durante nuestra intervención en sala.

Atención plena, conciencia plena, mindfulness, son las denominaciones que tiene esta habilidad personal que, como indica Jon Kabat-Zinn, consiste en prestar atención de forma particular, con intención, al momento presente y sin juzgar. A través de la atención plena, nos percatamos conscientemente momento a momento de todo lo que es en un proceso en el que suspendemos temporalmente todos los conceptos, imágenes, condicionamientos, opiniones  y juicios de valor, focalizando nuestra atención en lo que estamos haciendo y, por tanto, en lo que ocurre en nuestro cuerpo y en nuestro entorno a través de nuestros sentidos. En otras palabras, atención plena significa es estar concentrado y focalizado en lo que se está haciendo (estar aquí, ahora).

 De este modo, en lugar de encontrarnos desconectados del presente (como solemos estarlo) pensando, sobre tal o cual asunto, preocupándonos por las amenazas del futuro, ponemos toda nuestra atención en lo que estamos haciendo a través de nuestras tareas cotidianas.

Según los expertos en la atención plena, una mente atenta es precisa, penetrante, equilibrada y clara, ya que ésta nos da el tiempo necesario para evitar patrones negativos de pensamiento y de conducta, así como para cultivar patrones positivos.  Igualmente, la atención plena nos ayuda a disponer de una visión interna clara y sin distorsiones acerca de cómo son realmente las cosas. Finalmente, cuando te concentras profundamente, tu mente afianza los caminos de aprendizaje y fortalece las conexiones entre las neuronas para que se activen más rápido. Esto significa que cuando te centras profundamente en una habilidad específica, literalmente reconfiguras tu cerebro para desarrollar esa habilidad con mayor efectividad.

Los abogados podemos extraer de dicho concepto una valiosa enseñanza, y con ello me refiero a la importancia que para nuestra actividad (consejo legal, negociación y defensa ante los órganos judiciales) tiene el actuar en un estado de concentración cercano a dicha atención plena, o lo que es lo mismo, en un estado de focalización y atención en la que nos hallamos presentes y centrados en lo que hacemos y nos rodea, sin distracciones ni condicionamientos.

Partiendo de esa idea, como ya hemos avanzado, hoy nos vamos a referir al empleo de dicha habilidad durante nuestra intervención en juzgados y tribunales, y más concretamente, en una sala de vistas.

Obviamente, si desde el momento en que entra en sala, el abogado permanece en un estado de máxima concentración en el que prime la atención a todo lo que perciban sus sentidos y lo procese inmediatamente, todo lo que obtendrá serán beneficios,  entre los que podemos destacar, entre otros, los siguientes:

  • Percibirá y comprenderá todo lo que ocurre y dispondrá de una realidad más objetiva de lo que ocurre en sala.
  • Al manejar una información completa, dispondrá de una mayor facilidad para tomar decisiones con el mejor criterio.
  • Pondrá en práctica todo lo planificado antes del juicio con la mayor fidelidad.
  • Conocerá mejor el estado anímico de las personas que intervienen en juicio.
  • Refutará los argumentos adversos con mayor eficacia.
  • Adaptará el alegato a las circunstancias del juicio y del estado anímico del juez.
  • Su comunicación y escucha activa serán más efectivas.
  • Sabrá improvisar con mayor eficacia.
  • Se distraerá menos, al igual que su atención se verá menos afectada por circunstancias inesperadas o imprevistas.

¿Y cómo conseguiremos este estado tan beneficioso para el abogado litigante?

Para ello, hemos de seguir unas sencillas reglas que pasamos a citar:

1º.- Tener muy claro nuestro objetivo en el juicio, y dejarnos guiar por él durante todas las fases del mismo.

2º.- Centrarse en la tarea que estemos realizando: hemos de estar completamente focalizados en el objeto de nuestro trabajo, viviendo al máximo nuestra experiencia y tratando de extraer el máximo provecho de la misma.

3º.- Observar nuestros pensamientos y reacciones: en lugar de permitir que el flujo de aquellos nos inunde casi sin darnos cuenta, hemos de observarlos junto a nuestras reacciones, ya que viviéndolos como un simple observador, disponemos de un margen extraordinario para darnos cuenta de cómo nos encontramos en ese momento, y  para decidir si queremos continuar con esa forma de actuar.

4º.- No relajarnos un solo momento y mantener la tensión necesaria que nos permita estar en un estado de atención permanente. Si no estamos interrogando, observaremos al testigo; si el alegato lo realiza el compañero adverso, hay que prestar la máxima atención.

5º.- Mantener un lenguaje verbal y no verbal coherente con dicha atención, para lo cual hemos de adoptar una postura de atención e interés frente a lo que está ocurriendo (leve inclinación del cuerpo hacia delante, mirada atenta, movimientos medidos y controlados, etc.)

7º.- Aceptar lo que venga, como venga (lo que no excluye la natural contrariedad), poniendo todos los medios posibles para solucionar aquello que nos perjudique, pero sin entrar en conductas victimitas que nos harán perder la concentración.  Más vale una protesta o recurso que una irritación que no lleva a ningún lado.

8º.- Vinculado a lo anterior, no caer en estados de pérdida de control, que tanto perjudican nuestra credibilidad y los intereses de nuestros clientes. Una atención plena permitirá que te disgustes, pero no que transmitas tu disconformidad perdiendo las formas. Hasta el enfado puede estar controlado, y así, expresado con absoluto acierto.

En definitiva, en sala, el abogado debe actuar con atención plena, en un estado de concentración que nos permita vivir el juicio como un observador implicado en el mismo, estando presentes, aquí y ahora, en la sala de vistas.

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