- Convertirse en un orador solicitado no depende de tener un don especial, sino de entender qué hace que un orador destaque y cómo se construye esa reputación
Esta entrevista ha sido publicada en el número 1027 de Actualidad Jurídica Aranzadi (AJA), regístrarte una vez en este enlace y recibirás una comunicación con cada número desde la que podrás acceder a la revista en Legalteca.
Hablar en público es fundamental en la profesión jurídica. Un abogado vive rodeado de palabras: argumenta, persuade, explica, negocia. Sin embargo, hay una gran diferencia entre hablar bien en una sala de vistas y convertirse en un orador capaz de llenar auditorios, liderar conferencias o ser invitado recurrente en eventos profesionales.
En 2026, ser un buen orador ya no es un “extra” para un abogado. Es una herramienta de posicionamiento, una forma de construir autoridad, de abrir puertas y de convertirse en una referencia dentro de un sector saturado de voces. Y, sin embargo, muchos abogados no saben por dónde empezar. La buena noticia es que convertirse en un orador solicitado no depende de tener un don especial, sino de entender qué hace que un orador destaque y cómo se construye esa reputación.
La primera clave es ser conocido por algo concreto. Los organizadores de eventos no buscan a “un abogado que hable bien”, sino a alguien que represente una idea, un enfoque o un tema. Los mejores oradores no son los que saben de todo, sino los que se han convertido en sinónimo de un área específica. Puede ser litigación tecnológica, derecho penal económico, gestión de despachos, liderazgo jurídico o incluso la relación entre abogados y clientes. Lo importante es que, cuando alguien mencione ese tema, tu nombre aparezca en la conversación. La especialización no solo te hace más interesante: te hace más fácil de recomendar.
Pero tener un tema no basta. La segunda clave es mejorar deliberadamente la capacidad de hablar. Muchos abogados creen que su experiencia en tribunales se traduce automáticamente en un escenario, y no siempre es así. Hablar ante un juez es muy distinto a hablar ante un auditorio que no te debe nada. Por eso, los mejores oradores estudian a otros oradores. Observan cómo manejan el ritmo, cómo usan el silencio, cómo conectan con la audiencia, cómo modulan la voz. Se graban, se escuchan, se corrigen. La repetición sin reflexión solo crea hábitos; la repetición consciente crea habilidad.
La tercera clave es comportarse como el orador que quieres ser, incluso antes de que lleguen las invitaciones. En 2026, tu presencia digital es tu tarjeta de presentación. Si un organizador busca tu nombre y encuentra un perfil incompleto, una biografía pobre o ninguna muestra de tu estilo, difícilmente te llamará. Tu perfil debe mostrar tus temas, tus intervenciones previas, tus publicaciones y, si es posible, un vídeo breve donde se vea cómo hablas. No se trata de presumir, sino de facilitar que otros confíen en ti como orador.
La cuarta clave es contraintuitiva: no te nomines a ti mismo. En el mundo de las conferencias, la autopromoción directa suele generar rechazo. Las mejores oportunidades llegan por recomendación. Por eso, compartir tus temas con colegas de confianza y pedirles que te propongan cuando surja la ocasión es mucho más eficaz que enviar correos fríos. La credibilidad prestada es más poderosa que la autopresentación.
La quinta clave es cultivar relaciones con las organizaciones que te invitan. Al principio, no esperes honorarios elevados. Lo importante es estar presente, demostrar profesionalidad y convertirte en alguien fácil de trabajar. Ser puntual, entregar materiales a tiempo, adaptarte a las necesidades del evento y mantener el contacto después marca la diferencia. Los organizadores recuerdan a los oradores que les facilitan la vida. Y las mejores invitaciones suelen empezar con una frase reveladora: “Te hemos estado observando desde hace tiempo”.
En 2026, además, hay un elemento nuevo que está transformando el mundo de las conferencias: la inteligencia artificial. Los organizadores ya no solo revisan perfiles humanos; también utilizan herramientas que analizan presencia digital, vídeos, publicaciones y temas asociados a tu nombre. Ser un buen orador no solo te posiciona ante personas, sino también ante algoritmos que clasifican expertos, sugieren ponentes y recomiendan perfiles. La oratoria se ha convertido, sin quererlo, en un factor de posicionamiento profesional en la era de la IA.
Por eso, muchos abogados están creando su propia hoja de orador, un documento breve y visual que resume quiénes son, qué aportan y por qué son una apuesta segura para un evento. No es un currículum tradicional, sino una pieza diseñada para organizadores: biografía orientada a beneficios, títulos de charlas, fragmentos de vídeo, testimonios y una foto profesional. En un mercado saturado, esta hoja es la diferencia entre ser considerado o pasar desapercibido.
Convertirse en un gran orador no es cuestión de suerte. Es cuestión de claridad, constancia y estrategia. No necesitas permiso para empezar. Necesitas un tema, una voz y la decisión de usarla. Las oportunidades llegan después.
Y cuando llegan, cambian carreras enteras.


