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22/06/2024. 18:59:10

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José Molina, presidente del Consejo de la Transparencia, economista y exconsejero

“Para invisibles, ya están los mercados”

Pepa García (La Verdad)

Acaba de ser nombrado presidente del Consejo de la Transparencia, todo un acierto porque para José Molina Molina (Murcia, 1937) «la transparencia es la batalla de las ideas» y «sin transparencia no hay nada», asegura. El autor de ‘Ciuadadano y gasto público’ (5ª Ed. Aranzadi) tan empeñado está en dedicar la «última etapa de mi vida» a conseguirla, que estos días corrige el manuscrito de su último libro, ‘¿Por qué la transparencia?’.

Guillermo Carrión

Ahora que tiene un ‘carguico', ¿no se andará con medias tintas?

[Ríe] No porque no he sido así en toda mi vida y porque estoy en la última etapa. Aunque no es un poder omnímodo, con mucha suavidad diré lo que tengo que decir. La sociedad está esperando que alguien sin ataduras diga las cosas claras. Además, ya no espero nada de la vida, solo quiero devolverle lo que me ha dado. Me voy a volcar.

¿No tiene miedo de que la palabra transparencia se quede vacía de tanto usarla?

Estamos viviendo una perversión del lenguaje. Ahora mismo todo el mundo se ha apropiado del mismo vocabulario. Pero hay una gran diferencia entre lo que hablamos ahora tú y yo, y de lo que hablan Rajoy o Sáenz de Santamaría. Esa transparencia es solo burocrática y funcionarial. Para mí la transparencia es absoluta.

¿Qué propone?

Coordinarla con las obligaciones de gestión. Hay que transformar los órganos de control. El Tribunal de Cuentas y la Intervención General del Estado, el CGPJ y el gobernador del Banco de España tienen que ser poderes independientes, elegidos por los que están en la oposición. Los que gobiernan no pueden elegir a los que los controlan. No tiene sentido. La transparencia es un reto. El político que no cree en la transparencia y en la ética es el que no cree en la democracia.

Nació en Murcia en plena Guerra Civil. Lo hizo en un bloque de viviendas junto al Malecón. Al día siguiente lo bautizaron -«creían que no iba a vivir mucho, los miedos que tenían antes»- y su padre se enteró en el frente de Valencia -«estaba en el bando republicano»-.

Su abuelo, que viajaba mucho, tuvo una fábrica de cañas de pescar -de bambú filipino- y de aparejos de pesca -hechos con las tripas de los gusanos de seda, un producto de la huerta de Murcia- que el nailon dejó desfasada y cerró en 1948. Entonces sus padres abrieron el Bazar Puxmarina y allí se empezó a forjar el actual José Molina, atendiendo a las clientas con solo 12 años. «Eso me dio una cultura de saber escuchar a la gente, de acercamiento», recuerda.

Estudió en los maristas 11 años y, cuando terminó, optó por seguir con Comercio en Murcia mientras hacía la mili de voluntario en Alcantarilla. «Entonces no había objetores de conciencia, si no lo hubiera sido porque fue el tiempo más perdido de mi vida», recuerda pese a que, para combatir el tedio, convenció a un comandante para crear la Oficina de Estadística y Psicotecnia.

También estudió Económicas en el nocturno de San Bernardo (Madrid), mientras trabajaba con el primer ordenador IBM que entró en España en la Compañía Adriática de Seguros. En aquella época comenzó una lucha sin cuartel que aún hoy sigue llevando por bandera: los derechos y libertades de los ciudadanos. Primero en movimientos estudiantiles de rechazo a la dictadura.

¿A quién tuvo la suerte de  conocer?

La gran suerte. Tuve como profesor a José Luis Sampedro. Importantísimo en mi vida porque me ha dado una visión de la economía y de la vida muy importante. Eran clases vivas, dinámicas, de comunicación, eran clases magistrales.

Su batalla social y política continuó después en los movimientos católicos. «Llevaba la tesorería nacional de la Juventud Agrícola Católica y conocí al cardenal Herrera Oria, que me seleccionó para fundar la Escuela de Ciudadanía Cristiana, en 1962». En esos años también se sacó la Licenciatura de Sociología en Salamanca.

Pronto ese grupo impulsor de las ideas de renovación de la doctrina social de la Iglesia «me quedó pequeño y pasé al Colegio Mayor Antonio Rivera, de estudiantes trabajadores. Allí estuve como administrador y adquirí un compromiso más dinámico y directo con el movimiento obrero: las JOC, la HOAC e impulsamos la fundación de Zyx, una editorial del pueblo comprometida con el cambio social y político que se estaba pidiendo».

¿Qué papel jugó Zyx?

Era una auténtica guerrilla cultural. Sacaba unos libros muy económicos que vendíamos en las puertas de las fábricas y en las calles. Había un compromiso muy claro: sin cultura y sin un cambio en la mentalidad no se podía llegar a una democracia sólida y solvente.

¿Le ocasionó problemas?

Nos comprometimos mucho y tuvimos muchos problemas. Fuimos muy perseguidos, estuve muchísimas veces en el Tribunal de Orden Público. El primer libro que se secuestró en España fue nuestro, sobre el movimiento de Comisiones Obreras. Fue Manuel Fraga, que también fue profesor mío en Económicas, y lo destruyó. Nos procesaron: al autor le cayeron 6 meses, y a mí, que era el gerente, una multa.

¿Qué le sorprende?

Gratamente, la aceptación que está teniendo mi último libro, ‘Ciudadanía y gasto público'. Lo escribí con mucho cariño hace año y medio y ya va por la quinta edición. Lo he divulgado mucho y he constatado que la ciudadanía está hoy deseosa de tener unos cauces de participación activa para que en gasto público no decida nadie por ella.

¿Qué debe cambiar?

El ciudadano no debe votar e irse a su casa, debe quedarse para poner las luces largas y conducir el vehículo de la democracia.

¿Están los mecanismos preparados?

No, porque la democracia se ha burocratizado, pero tenemos que abrirlos para que participe la ciudadanía. No cuesta, abarata, da eficiencia al gasto público y además fortalece la democracia. ¡Fíjate! No podemos dejar la democracia en manos de los depredadores que, de malas formas, intentan quedarse con el esfuerzo del ingreso público hasta el asiento.

¿Qué pasa en el mundo?

Si lees el libro sobre ‘El Establishment', de Owen Jones, hace un análisis de la sociedad. El que gobierna siempre en la sombra tiene la influencia permanente, está en el sitio clave para decidir en las políticas concretas que benefician a los grupos de presión. Y en el sur de Europa se entremezcla con el clientelismo, la estafa pura, el fraude, la corrupción y casi rayando un poco en la propia mafia.

¿Es la actual una sociedad menos solidaria y más egoísta, menos comprometida?

La sociología también evoluciona. De la solidaridad de las fábricas estamos pasando a la solidaridad de los barrios. Después de la Transición política ha venido la comodidad. Ese es el gran tránsito, cuando parecía que todo estaba ya realmente organizado, ha habido un decaimiento. Ahora está reviviendo una solidaridad en los barrios, donde se están comprobando las carencias de vida. De ahí las plataformas de los desahucios, por la sanidad, por la educación… Ahí es donde hay que profundizar, ahí es donde yo estoy volcado y eso es lo que mejor encaja en la necesidad del ciudadano por controlar su presupuesto.

¿Qué consejo no olvida?

El ser solidario, ser transparente (decir la verdad) y creer que la democracia es la representación del pueblo, sus ideales y sus aspiraciones para hacer una sociedad mejor. La democracia no es para llegar, es para seguir caminando; es un proyecto permanente y abierto.

¿Quién se lo dio?

Un gran influyente fue José Luis Sampedro, un hombre rompedor. Conocer a personas que han tenido una influencia importante en el pensamiento de esos años rompedores, cuando se luchaba contra las dictaduras en todo el mundo, te marca y lo tienes como bagaje.

¿Qué es una garantía?

Dotar a la sociedad de instrumentos para la participación (en lo que más hay que invertir) para sacar a la democracia de la burocracia actual. Por eso tenían tanto miedo al referéndum de Grecia. Cuando se le pide un sacrificio a un pueblo, es mejor que se pronuncie.

¿Los resultados de las últimas elecciones y los gobiernos en minoría pueden ayudar al cambio?

Sí. Es positivo el haber fraccionado para fortalecer el sistema (algunos creen que para debilitarlo). Las mayorías no han servido para hacer democracia, sino para reducirla al mínimo. Los políticos no han sabido administrarlas correctamente.

¿Qué verano no olvida?

Me casé el 29 de junio de 1965 y no lo olvido nunca. Además, me casé en Madrid y nos fuimos de viaje al Monasterio del Paular, en Rascafría; muy tranquilos una semana. No tenía mucho presupuesto. Éramos muy felices y seguimos siéndolo. Ahora acabamos de hacer nuestras bodas de oro.

¿Cómo son sus vacaciones?

Soy una persona bastante sencilla y normal. En Campoamor. Paseo, hago primero media hora de bicicleta, un baño en la piscina para nadar y a la playa bajo por la tarde. Tenía un barquito pequeño para pescar, pero se rompió el motor…

¿Con quién lo comparte?

Venimos a esta casa de Campoamor, donde nos juntamos mi mujer, Teresa, y yo con mis tres hijos (Juan, Pilar y Belén) y mis dos nietos (Elio y Alba). Esta casa es de mi mujer, que trabajaba de enfermera en La Arrixaca y con sus ahorros la compró. Yo estoy aquí de prestado.

¿Le gusta el verano?

Es bueno porque el calor te hace dormir incómodo y piensas. Es para pasarlo feliz y para cambiar. Yo he cambiado muchas cosas en mi vida en verano.

¿A qué dedica el tiempo libre?

A la familia, a mi mujer, que la tengo que cuidar, y a escribir, a dar conferencias, a divulgar.

¿Qué recuperaría de lo que hemos perdido en Murcia?

Hemos perdido la ciudad, porque es la integración de la convivencia de los ciudadanos y nos la han roto. Hemos hecho espacios excesivamente abiertos. Se han dejado influenciar por un concepto erróneo de urbanismo que ha pensado más en la especulación. Estamos teniendo una perversión del concepto de ciudad. Eso es muy difícil recomponerlo, cuesta mucho dinero y está impidiendo incluso que se conviva. Ahora solo se convive en los centros comerciales. Un disparate.

¿No es esa una forma de intentar transformarnos?

Pero, ¿quién lo está transformando? El neocapitalismo. A lo que yo me niego es que un sistema económico me condicione mi forma de vivir y de convivencia.

¿Qué dice la gente de sus ideas?

Algunos, que soy un utópico. Pero la utopía es lo que no se puede realizar, y esto se puede. Solo hay que quitar unas piezas que sobran: el egoísmo y la corrupción. Cuanto antes las quitemos, antes podremos llegar a ese sueño.

¿Cuál es su sueño?

Vivir una democracia participativa, solidaria y transparente, y que sepa rendir cuentas a los ciudadanos, escuche y dialogue.

¿Y tiene esperanzas?

Creo que sí. [Sonríe] Tengo ya 78 años y quisiera verlo antes de morirme. Me queda poco, ¿no? [Vuelve a sonreír] Hay que correr.

¿Y cuando llegue ese final?

Le tengo dicho a mis hijos que mis cenizas, al Mediterráneo. El Mediterráneo es el cementerio de la cultura y la solidaridad en estos momentos. Creo que hay que, en vez de estar bajo tierra, estar nadando con quienes han luchado por la libertad y se han quedado por el camino, nadando también.

¿Le gustaría ser invisible?

Me gusta que lo que hago se palpe, se vea y se conozca. Para invisible, bastante tenemos con los mercados.

Un político, ¿tiene que ser un buen gestor o un buen conocedor del área que gestiona?

Si no se es un buen conocedor del área que se gestiona, difícilmente se puede ser un buen gestor.

¿Cómo ve nuestra economía?

Estamos influenciados por la especulación permanente más o menos inyectada. Nuestra economía no es estable ni sólida. Es muy de casino, solo apostamos a rojo y negro.

Doce tragos

1  ¿Un sitio para tomar una cerveza? La plaza de las Flores, claro.

2 ¿Qué música le suena en el teléfono móvil? Me la ponen mis nietos; una muy suave (un politono).

3 Un libro para el verano. ‘Caín', de José Saramago.

4 ¿Qué consejo daría? Ser felices. Pero la felicidad es la del minuto, porque al minuto siguiente no sabes lo que te va a venir.

5 ¿Facebook o Twitter? Funciono muy bien con las dos, pero soy más de Twitter porque es más dinámico.

6 ¿Le gustaría ser invisible? No.

7 ¿Un héroe o heroína de ficción? Peter Pan, siempre.

8 Un epitafio. Soy del Mediterráneo.

9 ¿Qué le gustaría ser de mayor? Es que yo ya soy muy mayor. Seguir siendo mayor con espíritu joven.

10 ¿Tiene enemigos? Yo no, pero alguno puede que no me vea con buenos ojos.

11 ¿Lo que más detesta? La mentira, la ocultación, el fraude, la opacidad, la corrupción, la opresión…

12 ¿Lo peor del verano? El calor, pero si no, no sería verano.

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