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23 de Diciembre de 2009 Javier Pagán, autor de Dinámica del éxito (Top Ten Business Experts)

“El liderazgo empieza por uno mismo”

  • "La motivación es la gasolina que nos alienta a levantarnos por la mañana"
  • "Necesitamos conocer nuestro destino con el fin de alinear nuestras decisiones y avanzar hacia el lugar que deseamos"
  • "El grado de disfrute es inversamente proporcional al riesgo asumido"
  • "Las personas necesitamos sentir que nuestro trabajo trasciende"

Javier Pagán es Coach Corporativo, master en coaching y desarrollo por la Portsmouth University Business School, International MBA por el Instituto de Empresa y la Loyola University Business School y Licenciado en Económicas por la Universidad de Valencia. Ha trabajado como director de equipos en España y extranjero, forma parte del cuadro docente de ENAE Business School y de la Escuela de Negocios Luís Vives y trainer certificado por la Dale Carnegie University. En la actualidad es Socio y Director de Activa-t, empresa de coaching especializada en el desarrollo directivo y de equipos y en análisis y desarrollo de las áreas que fomentan engagement de las personas a los equipos y organizaciones. El 26 de diciembre llega a los quioscos y librerías Dinámica del éxito (Top Ten Business Experts). Top Ten Business Expert es una colección que se comercializa a través de Expansión.

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Dinámica del éxito. ¿Qué vamos a aprender cuando lleguemos al final de este libro?

El propósito del libro es poner de manifiesto que el liderazgo empieza por uno mismo. Cuando hablamos de líderes podemos caer en la tentación de pensar que un líder es aquel que tiene un grupo de personas a las que poder liderar... que sin personas no hay líder. A lo largo del libro ponemos de manifiesto que todos ejercemos un liderazgo continuo sobre nosotros mismos. Todas las acciones que emprendemos son el resultado de una decisión que hemos tomado previamente. Ser conscientes de los mecanismos que nos llevan a actuar de una determinada forma nos permitirá evaluar la conveniencia de nuestras acciones y decisiones, siendo la actuación que ejercemos sobre ellas, una muestra clara de auto-liderazgo.

El éxito depende en gran medida del grado de motivación. ¿Es así?

La motivación es la gasolina que nos alienta a levantarnos por la mañana, a superar los escollos que se nos van presentando a tomar las decisiones más difíciles y las acciones menos agradables. En definitiva, todos somos conscientes de la importancia de la motivación para conseguir rendimientos excepcionales. Las empresas tenemos bien aprendida la lección y como muestra valgan los bonos de final de año, las retribuciones variables por la consecución de objetivos, los viajes de empresa...todos esos factores tienen como fin último motivar a los trabajadores, hacer que se sientan importantes y valorados y que lo den todo por la empresa. Es curioso observar cuando hablamos de motivación que dejamos de lado a la persona que "queremos motivar" pasando de puntillas por el hecho de que a la única persona que podemos motivar es a nosotros mismos. Los estímulos antes mencionados son premios y gratificaciones que las personas recibimos a cambio de realizar una tarea. Es lo que se ha venido a llamar "retribución extrínseca". Este modo de retribución, aunque válido, no es suficiente. La motivación surge de la persona y es el resultado de la satisfacción que nos produce el hecho de hacer algo. Esta "motivación intrínseca" es la que mueve montañas y nos hace superar los retos que día a día nos aparecen y que parecen dificultar nuestra andadura hacia el éxito.

Para lograr el éxito ha de haber motivación. ¿Qué determina la motivación?

Como comentábamos antes, la motivación verdadera es la natural o intrínseca, es decir la que nos proporciona el mero hecho de realizar la tarea. La fuente de la que se alimenta este tipo de motivación es el sentido que para nosotros tiene realizar las tareas que desempeñamos diariamente. Para el caso, valga la fábula de aquel investigador que, obsesionado por encontrar los factores que hacían que unas personas rindan y estén más implicadas en el trabajo que otras, se dispuso a dar un paseo por el barrio con la intención de aclarar su mente después de que tras una jornada de mucho pensamiento y reflexión se sintiera lejos de la respuesta a su pregunta.

Inició su paseo, advirtiendo a lo lejos  un grupo de obreros que se disponían a levantar una pared. Con curiosa inocencia preguntó a uno de los trabajadores por lo que estaba realizando "¡¡estoy levantando una pared!!" dijo en tono cabreado "¿no es evidente?" sin que el tono de la respuesta le afectara, se dispuso a  proseguir con su paseo cuando se encontró con otro trabajador al que lanzó la misma pregunta. Sin embargo, la respuesta de este fue distinta "estamos levantando los muros de un templo" impresionado por la visión de este segundo trabajador, y dispuesto a proseguir con su paseo, vio a un tercer operario que afanosamente trabajaba colocando los ladrillos. Repitió la misma pregunta una vez más a lo que este obrero respondió "estamos construyendo la casa de Dios" Atónito por las respuestas, nuestro investigador se dio cuenta que había encontrado la respuesta a sus preguntas. Lo que motivaba a los trabajadores no era el trabajo en sí, sino la visión que del mismo tenían, por la relevancia e influencia que esta tenía en su implicación y motivación.

Atendiendo a esta historia, podemos decir que lo que determina la motivación es el sentido y propósito que para nosotros tiene nuestro trabajo y las acciones que diariamente emprendemos para conseguirlo.

Otra meta volante para llegar al éxito se llama alineación.

Nuestro día a día transcurre a tal velocidad que no nos damos cuenta que está repleto de continuas decisiones que van dando forma a nuestro destino. Es como el marinero que tiene que ir continuamente ajustando las velas para adecuarlas a los cambios de viento que se van produciendo a cada instante. Con el fin de valorar la conveniencia y acierto de cada decisión, el marinero necesita conocer su puerto de destino. No conocer hacia dónde va, le imposibilita valorar que opción de todas las que se le presentan es la más conveniente.

El igual que sucede en el mar, necesitamos conocer nuestro destino con el fin de alinear nuestras decisiones y avanzar hacia el lugar que deseamos. Para conseguirlo, debemos estar muy atentos, pues la a vorágine diaria en la que estamos inmersos, nos puede empujar a tomar decisiones que nos alejan de nuestro objetivo.

Las sombras de la empresa, ¿llegan a eclipsar a las luces?

Cuando nos marcamos un objetivo y nos disponemos a tomar las medidas necesarias para alcanzarlo (luces) podemos encontrarnos retos y dificultades (sombras) interpuestos en nuestro camino que nos tientan a pensar que estamos ante una misión imposible o una idea descabellada. Los deseos y visiones (luces) chocan entonces de bruces con las creencias y experiencias pasadas (sombras) limitando nuestro desarrollo y el de nuestras organizaciones. La clave en el proceso radica en nuestra capacidad para auto-liderarnos o influirnos a nosotros mismos para dirigir nuestras acciones en la dirección que marcan las luces.

Tiempo de crisis. ¿Se disfruta menos trabajando cuando se está en el alambre?

En los días que corren, parece osado y atrevido afirmar lo contrario. Estar sentado en la oficina gestionando los pedidos y decidiendo dónde invertir nuestras ganancias parece el futuro ansiado por muchos. La dificultad del trabajo en épocas de crisis es que el margen de error es menor, pudiendo cualquier despiste costar la supervivencia de la organización. Bajo estas condiciones, podemos afirmar que, salvo personas muy propensas al riesgo, el grado de disfrute es inversamente proporcional al riesgo asumido.

Otro factor que influye en el grado de disfrute es la necesidad de tener que emprender cambios. La crisis surge por el hecho de que haciendo lo mismo no obtenemos los resultados que esperamos. Como consecuencia de ello, tenemos que probar nuevas rutas y alternativas que nos permitan recuperar la senda de los resultados de antaño. Sin embargo, el desconocimiento de las nuevas reglas del juego, añade la incertidumbre de no saber que pasará, atenazando en muchos casos la iniciativa de emprender nuevos caminos. Vivir en un estado de cambio continuo crea inestabilidad y la sensación que nada perdura. Como consecuencia de obtener peores resultados, nuestra autoestima se debilita, disfrutando menos de lo que hacemos, al tener menos confianza en nuestras habilidades y capacidades para lidiar con los retos que se nos van presentando.

Usted dice que existe un riesgo: el de liderar con una orientación y visión centrada únicamente en el dinero. ¿Cómo podemos evitar ese peligro?

Centrar nuestros esfuerzos en conseguir dinero y riqueza es un trabajo orientado a satisfacer las necesidades del ego, hasta que llega un momento en el que nos damos cuenta que nuestra vida está vacía, que carece de sentido. Buda lo expresó con aplastante claridad "no entiendo las personas que sacrifican su vida por el dinero para luego sacrificar todo su dinero para recuperar su vida". Las personas necesitamos sentir que nuestro trabajo trasciende. Cuando oímos que cumplimos nuestro papel en la tierra cuando escribimos un libro, plantamos un árbol y tenemos descendencia, estamos hablando de la importancia del legado, de aquellos elementos que nos trascienden, que van más allá de nosotros mismos.

Hoy en día, empleamos al menos 1/3 de nuestra vida directamente en el trabajo. Aquellos que trabajen por un sueldo, están gastando su tiempo para conseguir algo que les permita hacer otras cosas que les satisfagan ¿inteligente? Parece que la postura más coherente es disfrutar de cada instante dándole un sentido a lo que hacemos, disfrutando de la satisfacción que nos reporta el mero hecho de hacerlo.

Nuestro comportamiento es el resultado de nuestra forma de ver lo que acontece a nuestro alrededor: el trabajo, los compañeros, los clientes... y cualquier situación cotidiana que nos suceda.

Efectivamente. Continuamente estamos percibiendo estímulos que automáticamente interpretamos en base a lo que pensamos creemos o esperamos. Estas interpretaciones nos permiten predecir una realidad en base a la cual actuamos.

Trabajar a nivel de pensamientos, creencias y asunciones nos permitirá interpretar la realidad de otra manera y por consiguiente a actuar deforma diferente, obteniendo resultados distintos.

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