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14/05/2026. 09:11:54
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La visión crítica-positiva

Cristina Camarero, Abogada Senior del departamento de Litigación Larrauri & Martí Abogados

Mi experiencia en el Derecho parte del estudio de la Carrera universitaria en un centro público de Madrid, con las enseñanzas de grandes Doctores y Doctoras y técnicos y técnicas en diferentes materias. En esta primera etapa de contacto con las Normas, percibí que éramos más féminas las que cursábamos la Carrera, que estudiantes del sexo opuesto. En la actualidad, la fotografía a nivel nacional en el ejercicio de la abogacía muestra una profesión que roza la paridad, con un 48,3% de mujeres ejercientes, pero mantiene desequilibrios estructurales en los puestos de poder y en las franjas de edad. El techo de cristal con socias de cuota (equity partners) es solo del 33% en mujeres, siendo el 63% de las abogadas las que perciben ingresos por debajo de la media y solo el 2% supera los 5.000 euros mensuales, frente al 10% de los hombres.

Continué mi formación con las oposiciones a Judicaturas, guiada por el entusiasmo, contumaz y persistente, en aprobar una plaza para poder ejercer la profesión que me parece la más bonita en la solución de controversias de manera objetiva, pero no pudo ser. Por cierto, en los Tribunales, recuerdo que, de cinco y hasta nueve miembros, solía haber una sola mujer entre quienes ocupaban los puestos de examinadores. Después, el número de mujeres se reguló bajo el principio de presencia equilibrada, reforzado por la Ley Orgánica 2/2024, de 1 de agosto, de representación paritaria, con el criterio del 40/60. Y no pudo ser, porque creo firmemente que la expectativa de vida para mí era otra: la de ejercer como abogada; soy Letrada -que se dice en los procedimientos judiciales- y tengo que decir que estoy inmensamente agradecida a tres varones, llegando a ser socia de Despacho y que, tras largo recorrido, he acabado -me parece que por guasa de la vida- en un gran Despacho de Abogados en Madrid, del que formaron parte tanto mis dos queridos socios como el que fue director de Despacho en Madrid, a quien debo tanto.

Mi primer tema a los pocos días de entrar en el Despacho fue uno laboral -último tema de la oposición- y recuerdo que alcanzamos un acuerdo antes de entrar en Sala; y menos mal, porque si llego a tener que defender todas aquellas cuentas delante de S.Sª. y del cliente, me hubiera dado un parraque. Aquél primer cliente, un chico, tenía mi edad, y confiaba ciegamente en mí, -yo no-, hasta que me vi victoriosa con aquel acuerdo que alcanzamos, en mi primer combate.

Después de ese puntual tema laboral, cogí temas en Derecho Penal, varios de ellos con mucho éxito por el resultado, tanto a nivel de Tribunal como personal, para seguir después con el Derecho Civil y especialmente el Derecho de Familia, teniendo a veces que lidiar -y más de una, que morderme la lengua- con críticas a la mujer, que me superan. Una anécdota: he tenido algún cliente varón que, en reuniones con otro compañero letrado, explicaba su problemática solo mirando a mi compañero, de lo que hace tiempo me río pensándolo, y que también hace tiempo no me ha vuelto a pasar, quizá también, porque hace tiempo que tengo las reuniones yo sola con ellos.

Pensando días atrás en este artículo, recordaba momentos de machismo vividos en el ejercicio de la profesión que, por supuesto, lo critico y, además, lo verbalizo (cuando puedo), contra quienes me parece que lo ejercen, y que, de vez en cuando, se me ponen delante de mí o al teléfono. Hace pocos días en un juicio en Fuengirola, ante mi vehemencia en la defensa de los intereses de mi clienta por las falsedades escuchadas, el “compañero” contrario dijo en Sala que “era la primera vez que le pasaba eso con un compañero”. Siguen estando ahí y no son mayores, son simples abogados, no evolucionados y no educados.

Y también recuerdo la euforia interna que me produjeron y me hacen sentir los actos y gestos de igualdad en el trato continuo, que veo en el Despacho, y el cariño, la admiración, el reconocimiento y el respeto, a diario, por parte de otros compañeros a mis compañeras y a mí misma, en el ejercicio de esta profesión tan maravillosa, y también provenientes de contrarios en Sala, desconocidos en lo personal, y de Magistrados también, lo que hace que aprecie orgullosa, el equilibrio en ambos sexos, en el ejercicio de esta profesión, en igualdad.

En el trato con los clientes, creo que ha sido el gusto que tengo hacia el ejercicio de esta profesión, el afán por intentar hacer las cosas bien, en aprender sin IA y con IA,  y sobre todo la seguridad que me gané con los años de experiencia en el cante de los temas y allí sentada en el Supremo en “el pupitre de los acusados”, con la experiencia posterior en los juicios, los factores determinantes para no sentirme -de acuerdo con alguna experiencia pasada- discriminada en el trato de los clientes del sexo contrario en comparativa al que ofrecen-pocos, afortunadamente- a mis compañeros varones. De facto, en Derecho de Familia, son muchos los clientes que se interesan en el Despacho por una abogada, en aras a abordar la problemática desde el prisma de la mujer, mejor si madre y de igual manera conocedora de las leyes.

Aplicando el sentido de la justicia que tanto tengo interiorizada, me siento muy afortunada de tener tan cerca y de poder compartir la resolución de los temas a nuestros clientes con mis compañeros, un 60% hombres, si bien hago el reconocimiento expreso a todas mis compañeras, por su talento, la valentía, el coraje, el respeto y la unión, que tenemos en el ejercicio de la profesión, machista en su origen, pero quiero pensar que superada, siendo la excepción, siempre, la que confirma la regla.

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