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12/07/2020. 13:13:45

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Figuras ocultas

Economista y abogado especializado en derecho concursal, tributario y contable, en VENTO Abogados & Asesores, S.L.P.

El análisis e interpretación de la información financiera constituye el último eslabón de las competencias que se le atribuyen a la contabilidad; ello requiere disponer de sólidos conocimientos en la materia para alcanzar su doble función: evaluar la posición financiera y resultados de la compañía analizada y establecer las mejores estimaciones en relación con las necesidades informativas de sus destinatarios finales (sea internos o externos).

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En los últimos tiempos, he tenido acceso a los estados financieros de sociedades de base tecnológica en fase embrionaria. En todas ellas, me llamaba poderosamente la atención (i) la inexistencia de activos intangibles en sus balances; (ii) el reflejo de resultados negativos continuados que provocaban su inmediata entrada en causa disolución por pérdidas cualificadas; (iii) la nula información que sobre la evolución de sus proyectos ofrecían a través de la memoria integrante de sus cuentas anuales; y, a pesar de todo ello, (iv) la valoración que se les otorgaba en las rondas de financiación a las que acudían.

El origen de sus resultados negativos obedecía, en todas ellas, al reconocimiento como gasto, en sus cuentas de resultados, de partidas relacionadas directamente con el desarrollo del proyecto que constituiría finalmente su negocio. Además, resultaba sistemático que entre sus gastos no se cuantificase una magnitud significativa: las horas de trabajo de los emprendedores/desarrolladores que titulaban la mayoría de las participaciones sociales de la sociedad y que, en mi opinión, constituían la base del negocio presente y futuro.

¿Cómo no tenían en cuenta estas circunstancias los propios emprendedores o sus futuros inversores? ¡Tampoco sería tan extraño hacerlo!

En la película Figuras Ocultas, Dorothy Vaughan reconocía, tiempo antes de poner en funcionamiento el IBM adquirido por la NASA para facilitar los cálculos que permitían los viajes aeroespaciales: "Vamos a necesitar mucha mano de obra para programar a esa bestia. No puedo hacerlo sola. Mis chicas están listas. Ellas pueden hacer el trabajo.".

Así es, pues el desarrollo y puesta en marcha del proyecto de base tecnológica provoca importantes sumas de dinero que, en la mayoría de las ocasiones, deben tener, como reflejo contable, su incorporación al activo intangible del balance de este tipo de sociedades; no hacerlo supone, sin lugar a dudas, una inexactitud grave para la comprensión de sus estados financieros.

Nuestro marco contable permite la identificación y reconocimiento de un activo cuando se mantiene control económico sobre el mismo, tiene origen en transacciones pasadas y sea probable la obtención de rendimientos económicos en el futuro; será, en este último aspecto, al que el responsable de formulación de los estados financieros tendrá que prestar especial atención.

En su Resolución de 28 de mayo de 2013, el ICAC admite esta tipología de activos digitales y establece seis condiciones concretas para la incorporación al balance de la sociedad de los costes directamente necesarios para crear, producir y preparar el activo para su puesta en condiciones de funcionamiento:

    1.      Que el proyecto sea específico e individualizado;

    2.      Que se establezca un modelo conciso de asignación, imputación y distribución temporal de sus costes;

    3.      Que existan motivos fundados del éxito técnico del proyecto, mediante su explotación o venta a un tercero;

    4.      Que su rentabilidad económico-comercial esté razonablemente asegurada;

    5.      Que su financiación esté comprometida hasta completar el proyecto; y

    6.      Que exista una intención manifiesta de completar el activo, para usarlo o venderlo.

El cumplimiento de estas condiciones exigirá que el órgano de administración recabe todos los datos e informes que tenga a su alcance, además de los que razonablemente hubiera de obtener; todo ello, requerirá el asesoramiento de expertos independientes, no sólo con el propósito de cumplir estas exigencias, sino también con el de "mejorar" sus decisiones y acorazarse frente a posibles reclamaciones de responsabilidad (art. 226 LSC); y es que, si en un determinado momento, se vislumbrase el fracaso del proyecto, debería reconocerse de inmediato la correspondiente pérdida en la cuenta de resultados de la sociedad por su cuantía total, con el consiguiente efecto negativo en el patrimonio social.

Asimismo, resulta aconsejable la puesta en marcha de un modelo de organización y gestión que facilite la supervisión de las obligaciones mencionadas, de tal modo que se reduzca significativamente la comisión de irregularidades contables que impidan la comprensión de la situación económico-financiera de la sociedad y de sus resultados.

Sin lugar a dudas, en el escenario descrito cobra especial relevancia el papel de esa gran desconocida: la memoria integrante de las cuentas anuales; en ella tendrá que ofrecerse una información pormenorizada y exhaustiva de la evolución del proyecto y, en concreto, del cumplimiento de las seis condiciones a las que acabamos de aludir.

Como podemos concluir, la exigencia es máxima, como también lo es la llevanza de una contabilidad ordenada, adecuada a la actividad de la compañía y que permita un seguimiento cronológico de todas sus operaciones, así como la elaboración periódica de balances e inventarios (art. 25 C.Com).

En cualquier caso, hemos de ver estas obligaciones como una manifiesta oportunidad.

Así, el emprendedor verá cómo la información financiera refleja el fruto de su esfuerzo y dedicación, la sostenibilidad de su proyecto, su evolución, viabilidad y el valor añadido que genera, convirtiendo sus cuentas anuales en una vis atractiva, en un foco de atracción de potenciales inversores que no tendrán que confiar únicamente en su intuición a la hora de colocar su dinero, sino que podrán formarse un juicio veraz a través de los datos objetivos que se sustraen de la contabilidad.

También lo será para otros agentes externos, como entidades financieras que pretendan financiar un negocio que proyecta viabilidad y profesionalización.

Ya lo decía con acierto Albert Einstein: "Entre las dificultades se esconde la oportunidad".

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