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29/06/2022. 17:20:58

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Elegir la pareja adecuada: la corresponsabilidad

Jurista y criminóloga. Funcionaria del Estado

Elegir a una determinada pareja para compartir nuestra vida es una decisión importante. Te puede condicionar muchos aspectos de tu vida y de la de otras personas.

La corresponsabilidad es el reparto equilibrado de las tareas domésticas y de las responsabilidades familiares; el cuidado, educación y afecto de personas dependientes dentro del hogar y la organización de éste, con el fin de distribuir de manera justa los tiempos de vida de mujeres y hombres.

¿Y por qué es tan importante este concepto a la hora de decidir compartir tu vida con otra persona?

Porque si las dos partes de esa pareja, relación afectiva o matrimonio tienen asumido este valor, se podrá hablar de igualdad de oportunidades en una relación sentimental y entre mujeres y hombres en general. Una adecuada conciliación de la vida familiar, personal y profesional.

Según las estadísticas oficiales, aunque cada vez los solicitan más los hombres, entre el 90-98% de los permisos por nacimiento han sido disfrutados por mujeres, cuando podrían disfrutarse también por los padres.  Además, con el confinamiento a causa de la pandemia, según el INE (última EPA) ellas han teletrabajado en mayor porcentaje que lo hombres.

No sirve de mucho que fomentemos la igualdad ante la ley entre ambos sexos si sólo favorecemos medidas de conciliación para la mujer y no potenciamos la corresponsabilidad, pues las mismas obligaciones familiares y domésticas tienen ambos como personas adultas y responsables, e igual derecho tiene la mujer a dedicarse a su carrera profesional o a su espacio personal, sin tener que sacrificarse solo ella por su vida familiar, como el que tiene el hombre.

Además, no olvidemos que el Código Civil españolestablece, para ambos cónyuges por igual, el deber de compartir responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes, así como de otras personas dependientes a su cargo.

Es cierto que, a lo largo de los años, la mujer ha ido igualando el tiempo dedicado a la formación al del tiempo dedicado a ello por el hombre, la mujer se ha incorporado al mercado laboral y el hombre ha aumentado el tiempo dedicado al cuidado personal propio y ajeno. Pero siguen siendo ellas las punteras en la dedicación de las labores domésticas y familiares.

Ya no hay excusas.

Con la regulación actual (Real Decreto-ley 6/2019, de 1 de marzo, de medidas urgentes para garantía de la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en el empleo y la ocupación, que modificó el Estatuto de los Trabajadores y el EBEP), a partir del 1 de enero de 2021, la duración de los permisos por nacimiento (o adopción) se ampliará hasta las 16 semanas para los padres, equiparándose así al de las madres.

Es una obligación tanto para las empresas y servicios públicos, como para los padres: éstos tendrán que solicitar la baja por paternidad (retribuida) para las 6 primeras semanas tras el nacimiento, acogida o adopción. Es obligatorio para ambos progenitores. Sin embargo, sólo podrá renunciar al derecho a disfrutar de las restantes semanas de permiso, el progenitor distinto al biológico.

Ninguno de los dos progenitores podrá ceder parte de su permiso al otro.  

Además, supone una cuota bonificada para los trabajadores autónomos, ya que la renta percibida durante este permiso estará exenta de retención de IRPF. Ahora es la Seguridad Social y no la empresa, quien se hace cargo de la retribución, aunque no en todos los casos.

La Ley 11/2020 de PGE para el año 2021, ha modificado artículos del EBEP, sobre permisos del personal funcionario: respecto al permiso por progenitor diferente a la madre biológica (“de paternidad”), establece que, tras las 6 primeras semanas y siempre que ambos progenitores trabajen, se podrá disfrutar del permiso ininterrumpidamente dentro de los 12 meses desde el nacimiento, resolución judicial de adopción o resolución administrativa de guarda.

Hay que tener en cuenta, que más del 85% de las excedencias por cuidados familiares son solicitadas por mujeres. Esto obstaculiza la posibilidad de que ellas puedan dedicarse más a otras esferas de la vida también importantes. También son ellas las que solicitan más que los hombres la reducción de jornada por cuidado familiar.

Por ejemplo, puede contribuir indirectamente a que sean los hombres quienes prefieran a otros hombres a la hora de asignar puestos de mayor responsabilidad laboral, y además se perpetúan estereotipos de género que generan desigualdad.

La juventud debe tomar conciencia de la importancia de conocer bien los valores de la persona con quien decida empezar una relación, de dejar las cosas claras desde el principio, lo que uno quiere y lo que no. Los agentes sociales (familia, escuelas, organizaciones religiosas y espirituales) y la política, deben fomentar la educación en igualdad y afectividad para contribuir a una sociedad más justa, igualitaria y enriquecedora para todos y todas.

Esto no es sólo responsabilidad de lo que nosotros/as mismos/as permitamos en nuestras relaciones, sino que también de las empresas e instituciones públicas de permitir la conciliación a hombres y mujeres por igual, sin penalizar silenciosamente a quienes decidan ser madres.

Todavía los salarios de los hombres son más altos, en general, que el de las mujeres. Las políticas públicas deben ofrecer instrumentos y recursos a las empresas para facilitar dicho fin y penalizar a quienes perpetúen cualquier conducta o práctica machista.

La pareja que decide compartir un proyecto de vida debe constituir un equipo de trabajo y un equipo personal en el que los implicados ganen y se ayuden mutuamente, se enriquezcan como personas, con su adecuada independencia y respeto mutuo.

Ello implica una organización necesaria para compaginar sus ámbitos profesionales, personales y familiares, donde nadie es más que nadie y donde ambas personas pueden evolucionar de la mano sin la necesidad de querer cambiar a la otra persona en beneficio propio. Donde los acuerdos sean lo más equitativos posibles para los intereses de ambas.

Los hijos e hijas aprenden e imitan lo que observan en su familia y entorno más directo. Su personalidad se desarrolla, en gran medida, por lo que vivan durante su infancia y adolescencia.

La necesidad de que los hombres sigan desarrollando las habilidades emocionales, las tareas de cuidado y de hogar, es algo fundamental para un mundo más pacífico, más empático y justo. Y que las mujeres sigan desarrollando sus carreras profesionales, formativas y su independencia, contribuye a una sociedad más igualitaria, más enriquecedora y evolucionada.

Además, no olvidemos que la violencia machista es una consecuencia de la desigualdad histórica de poderes y derechos entre ambos sexos.

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