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01/12/2022. 19:05:00

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Antes de las elecciones de la UE, lo difícil es cerrar el ‘déficit democrático’

Reuters

BRUSELAS (Reuters) – En cuanto a ejercicio democrático se refiere, las elecciones de la Unión Europea de este semana rivalizan con las de Estados Unidos, India y Brasil en números.

Antes de las elecciones de la UE, lo difícil es cerrar el 'déficit democrático'

Pero en lo que respecta a reconocimiento por parte del votante, es una historia muy diferente. Los principales candidatos ni siquiera pueden soñar con compararse con Barack Obama o Narendra Modi y ahí reside un problema para la Unión Europea en un momento en el que trata de ser más relevante para sus ciudadanos.

Esta semana, del 22 al 25 de mayo, los 28 países que forman la UE elegirán un nuevo Parlamento Europeo con hasta 380 millones de votantes, de Portugal a Finlandia, escogiendo a 751 diputados para representarlos.

En todas las elecciones europeas desde que se celebraron las primeras directas en 1979, la participación ha descendido, cayendo a apenas un 43 por ciento en 2009, pese a que cuatro países de la UE exigen votar por ley.

Este año no será diferente: los sondeos prevén que la participación caiga a un 40 por ciento o por debajo, y entre los votantes caerá con más fuerza pese a los intentos de los políticos por conectar con temas como el empleo, la educación y la formación.

Al mismo tiempo, el apoyo a los partidos antieuropeístas y los partidos de protesta en la extrema izquierda y derecha probablemente crezca, subiendo a un 25 por ciento o más de los votos, frente al 13 por ciento en 2009, a medida que la gente exprese su frustración con el creciente desempleo y el pobre crecimiento.

La ironía es que nunca ha tenido el Parlamento Europeo más poder o capacidad para responder a las preocupaciones de los votantes, ya sea en lo que respecta a las tarifas de itinerancia en los móviles, la legislación del tabaco, las primas de los banqueros o el impacto de los acuerdos comerciales internacionales.

Los enormes edificios de vidrio y metal del Parlamento en Bruselas y Estrasburgo están decorados con pancartas que promueven su defensa de los derechos de los consumidores, y su propio museo – el parlamentario – es un panegírico desatado de su propia importancia.

Y aún así sigue habiendo una profunda desconexión con la opinión pública.

Un sondeo del centro de investigación Pew en siete países de la UE durante marzo y abril halló que el 71 por ciento de la población no se sentía representada en la Unión Europea. Sólo el 36 por ciento tenía una opinión positiva del Parlamento.

Eso es en gran parte porque la mayoría piensan en términos nacionales, no europeos, buscando a sus líderes locales y parlamentarios para resolver sus problemas, no a "los burócratas de Bruselas".

"Todo esto tiende a relegar las elecciones al Parlamento a unas elecciones de segundo orden centradas en gran parte en temas nacionales en lugar de europeos", dijeron Sonia Piedrafita y Vilde Renman, del Centro para Estudios de Política Europea, un grupo de expertos, en un análisis reciente.

    "Una baja participación no es el mal en sí, pero puede minar la legitimidad democrática de la Unión Europea, y la del Parlamento Europeo en particular", dijeron.

Como a José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, le gusta señalar, los países miembros tienden a "nacionalizar los éxitos y culpar de los fallos a Bruselas", lo que significa que el nombre de la UE regularmente es ensuciado, minando la confianza de la opinión pública en las instituciones.

SPITZENKANDIDATEN

En un esfuerzo por combatir esa creencia, la gran innovación de las elecciones de este año ha sido la creación del 'Spitzenkandidaten', un término alemán que significa "principales candidatos".

Cada uno de los principales grupos políticos de la UE – el Partido Popular Europeo, el Grupo Socialista y el Socialdemócrata, el liberal ALDE y los Verdes – acordaron designar a un candidato que suceda a Barroso como presidente de la Comisión.

Sea cual sea el grupo que emerja de las elecciones, en teoría, estará en posición de asegurarse el puesto de Barroso, un cargo poderoso con responsabilidades legislativas de amplio alcance: la Comisión es una gran institución europea con 30.000 empleados.

Pero aún así, los principales candidatos han tenido dificultades para superar la barrera de la indiferencia, y sus frecuentes debates en directo son relegados a canales de televisión minoritarios, si es que llegan a ser retransmitidos.

Quienes defendían el concepto del 'Spitzenkandidaten' estaban convencidos de que conectaría más a los votantes con los políticos europeos. Imaginaron a los candidatos cruzando el continente, dando mítines para atraer a los votantes a la causa europea, al estilo de una campaña presidencial estadounidense.

La realidad, sin embargo, ha demostrado ser menos glamurosa. Un sondeo de Ipsos de este mes entre casi 9.000 personas en 12 países de la UE mostró que más del 60 por ciento de los votantes no tenía idea de lo que era el 'Spitzenkandidaten'.

En algunos aspectos no sorprende – ninguno de los dos es un nombre paneuropeo, incluso aunque dos de ellos han sido primeros ministros en sus países. Los tres primeros son todos hombres de edades entre 58 y 61 años que están comprometidos con una mayor integración europea, una idea que se ha visto dañada por la crisis de la eurozona.

El candidato de centroderecha, el ex primer ministro de Luxemburgo Jean-Claude Juncker, ha recorrido Europa en un autobús de campaña y en avión privado, dando discursos y participando en debates en varios idiomas con otros candidatos europeos.

Los sondeos sugieren que Juncker va algo por delante de su rival de centroizquierda, el alemán Martin Schulz, actual presidente del Parlamento Europeo, aunque la ventaja está dentro del margen de error.

Aunque el grupo de Juncker o el de Schulz emerjan como ganadores en las elecciones, eso no garantiza que cualquiera de ellos sea presidente de la Comisión.

Depende de los jefes de Estado y Gobierno de la UE designar un candidato para la Comisión "teniendo en cuenta" los resultados de los comicios. Su candidato debe luego ser aprobado por una mayoría del Parlamento.

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