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8 de Febrero de 2017

¿Deberíamos preocuparnos los abogados o los jueces de ser sustituidos por máquinas?

La transformación digital del sector legal comienza a ser una realidad. Queda mucho por hacer, pero en el horizonte se atisban profundos cambios para los que los profesionales debemos estar preparados. ¿Cómo? transformando el modo en el que hasta ahora hemos desarrollado nuestra actividad profesional mediante el uso de la tecnología de forma que podamos dar un mejor servicio, más rápido y eficiente y, con ello, reducir costes. En concreto, la Inteligencia Artificial ya está siendo utilizada por grandes despachos, pues les permite automatizar tareas, ya sea en el análisis de información en expedientes inabarcables, o la emisión de respuestas a problemas legales que se pueden resolver gracias a esta.

Ximena Bernaldo de Quirós,
Abogada y Co Fundadora www.iurisfy.com


Pero ¿qué es la Inteligencia Artificial (IA)?

La semilla de la IA, tal y como hoy la conocemos, la podemos encontrar en los automatismos. Ya en el siglo XVII, Blaise Pascal (1623) construyó una máquina a la que se le dio el nombre de "pascalina" gracias a la cual consiguió la automatización de determinadas operaciones matemáticas. Pero lo que hoy conocemos como IA debemos unirlo al nombre de Alan Turing (1912), pionero de la lógica computacional.

Coloquialmente, IA podría definirse como aquel conjunto de tecnologías que tratan de imitar la inteligencia humana mediante procesos iterativos de aprendizaje sobre un tema.  La capacidad más evidente de la IA es la utilización del lenguaje natural donde sistemas cognitivos son capaces de entender una conversación, es decir, entender la semántica, mantener el contexto y dar respuestas. Otra capacidad de la IA, y la que más nos puede interesar en el sector jurídico, es la capacidad de resolver problemas.

Aunque en los últimos años se habla con más fuerza de la IA aplicado al derecho, lo cierto es que tiene una historia de más de 30 años. En 1981, Donald Waterman y Mark Peterson, construyeron un sistema experto para la toma de decisiones legales en la resolución de casos de responsabilidad civil por daños y perjuicios.

Un sistema experto es aquel al que se le suministra información sobre una determinada materia y emite un resultado. En la actualidad los sistemas expertos ayudan en sectores específicos como el de la medicina, o como veremos, el derecho.

Los sistemas expertos en derecho ayudan a la toma de decisiones de operadores jurídicos, resolviendo problemas de tipo divergente, es decir, aquellos que plantean varias soluciones a un problema y su determinación reviste forma decisional. Estos sistemas expertos pueden construirse a partir de un razonamiento basado en reglas o a partir de un razonamiento basado en casos y analogías.

Los primeros, los sistemas expertos basados en reglas, pasan por entender el lenguaje natural para que pueda comprender la consulta que se le plantea, la informatización de reglas aplicables y la capacidad de relacionar la consulta con las reglas, de forma que pueda dar respuesta a la misma.

Este sistema de razonamiento por reglas presenta dificultades que impiden que las máquinas puedan dar respuestas satisfactorias. Entre estas dificultades se encuentra el lenguaje ambiguo. Siempre será más fácil programar a una máquina para comprender el lenguaje en matemáticas, física o medicina que en psicología o en determinadas ramas del derecho, pues en estas disciplinas es habitual encontrarse con multitud de significados ambiguos.

Otra dificultad es la codificación de reglas y su actualización. En los años 80, Marek Sergot, y Robert Kowalski utilizaron la programación lógica para modelar parte de la British Nationality Act. En este proceso se encontraron con esta dificultad: la textura abierta de los predicados legales y las dificultades para modelar la negación, las excepciones y los condicionales contra fácticos. El proyecto también demostró que podría ser usado para ayudar a "depurar" una ley mientras está siendo redactada, por ejemplo, al encontrar conflicto entre normas y ambigüedades.

Por su parte, el sistema de razonamiento basado en casos y analogías es el conjunto de circunstancias empíricas que presenta un problema y que se resuelve o decide por analogía con otros similares anteriores y que previamente se ha registrado en el sistema. Durante la década de los 80 también se avanzó mucho en este tipo de sistema experto. El caso más reciente es el algoritmo desarrollado por un grupo de investigadores de University College London, la Universidad de Sheffield y la de Pennsylvania. Un software inteligente, es decir, con capacidad de aprender, tuvo que escanear sentencias de 584 casos de derechos humanos para poder desarrollar este algoritmo. Una vez que el algoritmo es "entrenado", es capaz de identificar patrones que conducen a ciertos resultados y predice el resultado de los juicios del Tribunal Europeo de Derechos Humanos con un 79% de probabilidades de acertar, según las pruebas realizadas. Lo más sorprendente es que tiene la capacidad de valorar pruebas y tener en cuenta consideraciones morales.

Entonces, ¿Deberíamos preocuparnos los abogados o los jueces de ser sustituidos por máquinas?

Lo cierto es que actualmente hay mucho ruido respecto a la posibilidad de que una máquina sustituya a abogados y jueces en sus puestos de trabajo. Es evidente que la IA tiene muchas ventajas frente a los humanos: tienen una capacidad de aprendizaje ilimitada, plena disponibilidad, aprenden sin cansarse absorbiendo todo sobre una materia para completar su aprendizaje (bases de datos, libros, foros, webs...), nunca mueren, eliminan el pensamiento parcial, etc.

Pero todavía no se ha construido un sistema que simule realmente el razonamiento humano (IA fuerte) que pueda sustituirnos. Pueden hacer tareas por nosotros, sí, o estar inspirados en el razonamiento humano que les sirve como guía, pero estos sistemas, ni tienen la capacidad de generalizar, ni están dotados de inteligencia emocional, sentido común, moralidad, imaginación, compasión, abstracción, dilemas, etc. Todas son actividades, salvo excepciones como ya hemos visto, muy difícilmente codificables y que requieren de la actividad humana.

Los criterios subjetivos son imprescindibles para defender un caso por un abogado, o dictar sentencia por un juez. Pongamos como ejemplo, la valoración de la declaración de un testigo cuando se le pregunta sobre unos hechos y da respuestas ambiguas. Ello nos lleva a considerar que en los casos en los que no se requiriese de una interpretación o análisis subjetivo, sí que se podría contar con la IA para proponer soluciones aceptables. Casos de derecho tributario o económico, por ejemplo. Tareas que ayuden a los profesionales en la toma de decisiones, negociaciones, búsqueda de información y automatización de tareas son todas labores perfectas para la IA. Pero en ningún caso podremos afirmar que nuestros puestos de trabajo peligran.

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