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23 de Mayo de 2011

Firmas «virtuales» de abogados: aprovechando oportunidades

La irrupción de firmas virtuales de abogados ha tenido mucha cobertura en la prensa anglosajona. Este artículo pretende que las conozcamos mejor.

Marisa Méndez,
Consultora de marketing y desarrollo de negocio en despachos de abogados


Los rostros de mis alumnos y de muchos abogados cuando menciono la existencia de despachos «virtuales» son una mezcla de sorpresa e incredulidad. Cuando les hablo de las empresas del Fortune 500 las que confían en sus servicios y del número de asociados seniors, of counsels, socios asalariados o abogados internos que deciden continuar su carrera profesional en ellas quieren saber más. Desconozco qué papel desempeñarán en la abogacía de los negocios en veinte años, pero sí sé que hoy están aprovechando el cambio de ciclo en la relación despacho-cliente y las demandas de flexibilidad y conciliación de los profesionales

Las primeras firmas «virtuales» empezaron a surgir en Estados Unidos y el Reino Unido a finales del siglo pasado, pero ha sido hace un par de años cuando nos hemos dado cuenta de cómo crecían y se consolidaban. Algunas de las marcas más conocidas son Axiom (con oficinas en siete ciudades estadounidenses, Hong Kong y Londres, y casi 300 abogados, y que se alzó con el primer puesto en el ranking de innovación del Financial Times en el apartado de eficiencia del año pasado), VLP, Keystone Law, Halebury, Scomo, Ghannoum...

Cada firma virtual, al igual que los despachos tradicionales, tiene su propia idea del negocio y estrategias, pero las más exitosas comparten algunas características.

  • Para empezar, no son tan virtuales como proclaman. Sí que tienen oficinas, pero suelen ser pequeñas y alejadas de las principales arterias de los negocios. Sus abogados suelen trabajar en sus casas o directamente en las sedes de sus clientes, y el pilar para sustentar el modelo es la inversión en tecnología -de comunicaciones internas y al servicio de la gestión del conocimiento-.
  • Para los profesionales que se unen a este proyecto, el gran argumento es la flexibilidad; no solo por el teletrabajo, sino porque en algunos casos la contratación se hace por proyecto, permitiendo al abogado compaginar su vida profesional con otros intereses personales.
  • Los clientes, por su parte, ganan una importante rebaja en la factura, ya que la reducción de costes que aplican estas firmas se traducen en un descuento en los honorarios. La reducción de costes indirectos -como el alquiler de oficinas, el personal de apoyo...- sumada a la disminución -incluso eliminación- del número de socios, les permite reducir los honorarios.

Y, ¿cuáles son los «peros» al modelo? De nuevo, la respuesta depende del caso particular de cada una de las firmas, pero, en general, las preocupaciones que surgen al hablar de estos despachos son la posible falta de control de calidad, la falta de formación conjunta, la ausencia del mentor o abogado con más experiencia que supervisa y forma a los más jóvenes...

En resumen, las firmas virtuales, como otros modelos nuevos, son alternativas de negocio, que se unen a las alternativas en la facturación de servicios, y a las tendencias alternativas en la conciliación personal y profesional. Sin duda, las alternativas parecen el nuevo mantra de la abogacía de los negocios.

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