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5 de Diciembre de 2012

Inversiones en productos tangibles: inversiones en árboles

Los árboles al igual que los sellos, las obras de arte, o las antigüedades están considerados bienes de inversión tangibles, es decir bienes que a diferencia de otros productos de inversión como las acciones, fondos, bonos, etc. se pueden tocar, de ahí su nombre, y además tienen un precio en el mercado.

Lara Alares,
consultora de Netvalue Forensic


Con estas premisas y por tratarse de un elemento natural, que contribuye a la mejora del medio ambiente, y por lo tanto pensando que estaban realizando un bien social,  muchas familias decidieron invertir su dinero en árboles, a través de sociedades o empresas que les aseguraban una rentabilidad por la madera obtenida de sus plantaciones, en lugar de invertirlo en productos bancarios.

Actualmente las empresas comercializadoras de bienes tangibles están sujetas a la Ley 43/2007 de 13 de diciembre, de protección a los consumidores en la contratación de bienes con oferta de restitución del precio.

Con anterioridad a la promulgación de esta ley, no existía una normativa específica para estas empresas que no están sujetas al control de la CNMV, Banco de España o del Gobierno, ya que no son consideradas entidades financieras, sino intermediarias en el mercado de bienes tangibles y por lo tanto, además exentas de crear un fondo de garantía, y había que acudir a la Disposición Adicional 4ª de la Ley 35/2003 de Instituciones de Inversión Colectiva.

En este contexto, empresas como Bosques Naturales, vendían sus plantones de una savia a un precio de 400€, que incluía el alquiler de la parcela y el mantenimiento y cuidados de árbol durante 20 años, periodo durante el cual sostenían que los árboles producirían una cantidad de madera suficiente que asegurara a los inversores la rentabilidad de la inversión. Se comercializaban en paquetes de 10 plantones y se obligaba a los inversores a realizar el desembolso de todo el importe al comienzo de la inversión. Una vez alcanzado el periodo de madurez, los árboles eran talados y la madera extraída se vendía en el mercado. De esta manera los inversores recuperaban su inversión.

Bosques Naturales comercializaba generalmente nogales (Juglans sp.) y cerezo (Prunus sp.), árboles productores de maderas nobles muy apreciados en la industria del mueble, tanto por su calidad como por su belleza (ausencia de nudos y de vetas) además de por una mayor resistencia a los agentes medioambientales.

Estas especies necesitan largos periodos de tiempo para alcanzar fustes de calidad con el tamaño necesario para poder obtener madera, ya que su tasa de crecimiento frente a la de otras especies usadas en la producción de maderas de peor calidad es más lenta. Así por ejemplo, las plantaciones de chopos (Populus sp.), bastante comunes para la obtención de madera para palés o tablones, o las plantaciones de eucalipto (Eucalyptus sp.)  para la obtención de celulosa para la industria papelera tienen un turno de corta de 10- 15 años de media. En el caso del nogal este periodo se alarga hasta los 25-35 años.

También es necesario considerar otros factores que afectan al crecimiento de los árboles, tales como los requerimientos ecológicos (suelo, clima, precipitaciones, etc.) de cada especie que deben estar adaptados a las características del terreno donde se van a plantar. De no ocurrir así, las plantas serán más vulnerables al ataque de factores externos, como plagas, heladas o sequías que afectan a su crecimiento e incluso le pueden provocar la muerte.

Además, según el fin que persiga una plantación, la densidad de la masa arbórea debe cambiar, no será la misma la densidad óptima para árboles frutales, que para los árboles que conforman una dehesa, que aquellos que son plantados con la finalidad de obtener madera de calidad, en la que se buscan fustes rectos, sin nudos, en la que no haya tangencia de copas y los árboles crezcan en todo su potencial.

Por todos estos factores que condicionan el crecimiento y la supervivencia de un árbol es difícil predecir el éxito de una explotación de las dimensiones  de las comercializadas por estas empresas. Ya que por una lado, es difícil garantizar la supervivencia del 100% de los plantones, y por otro lado, tampoco está asegurada que la cantidad y la calidad de madera producida por cada uno de los árboles vaya a ser la máxima en cada caso.

No se debe olvidar en ningún caso, que la rentabilidad de esta inversión depende de que cada árbol alcance en un tiempo menor a su turno de corta normal la máxima producción de madera de buena calidad, lo cual como acabamos de ver depende de múltiples factores. Con el inconveniente añadido de que cada vez que el crecimiento de los árboles se ralentiza, aumenta el plazo de los inversores para recuperar su inversión.


Lara Alares,
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