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Mercantil

21 de Enero de 2010

La Ley norteamericana que afecta a las empresas españolas en su internacionalización: la FCPA

Las oportunidades de negocio que brindan los mercados emergentes conllevan una serie de riesgos generados en su mayor parte, por la ausencia de regulaciones o la baja efectividad de las mismas, inseguridad jurídica y estándares de calidad menos exigentes que los habituales en los países desarrollados. Estas circunstancias no sólo pueden ‘minar’ el éxito de las compañías que se plantean internacionalizar su negocio, sino también la continuidad del mismo.

Mariela Geier,
Directora general de FTI Consulting


Uno de esos riesgos es la corrupción y posibles fraudes generados a partir del pago de favores y sobornos a funcionarios de la administración u oficiales de gobierno; o incluso la elección equivocada de un socio local en un momento clave. Muchas veces los propios colaboradores de la empresa pueden convertirse en el peor enemigo de ella sean conscientes de ello o no. La falta de capacitación adecuada, el desconocimiento de normativas y la laxitud de los controles internos pueden tener consecuencias devastadoras para las empresas.

La falta de regulaciones sobre todo en mercados emergentes, está directamente relacionada con la existencia de una cultura empresarial que tolera ciertas actuaciones inaceptables en un entorno regulado como el actual. La Ley estadounidense contra las prácticas corruptas en el extranjero (FCPA en inglés), afecta a todas las empresas que estén listadas en la Comisión de Valores y Bolsa norteamericana (SEC en inglés) o mantengan algún tipo de operación u oficinas en EE.UU. Exige transparencia y prohíbe que las compañías otorguen dinero, regalos o favores (por ejemplo, contratar a familiares) a funcionarios de la administración u oficiales del gobierno a fin de conseguir o conservar negocios. La aplicación de la FCPA la ejercen tanto el SEC como el Departamento de Justicia de EE.UU.

El  incumplimiento de esta norma puede suponer para la empresa sanciones de hasta cientos de millones de euros, la caída de su valor en el mercado y el deterioro de su reputación, lo que resulta aún más gravoso en muchos casos.

Si bien la FCPA es una Ley con amplio cumplimiento y seguimiento en EE.UU., en España persiste la errónea creencia de que no afecta a las compañías más allá de las fronteras estadounidenses. Craso error.

Según la FCPA, el incumplimiento de esta ley puede constituir delito tanto penal como civil. La empresa puede ser multada con cifras millonarias y los empleados responsables, sancionados penalmente. El caso más paradigmático de la aplicación de esta norma es la sanción de la empresa alemana Siemens, obligada a pagar cientos de millones de euros en multas por la trasgresión de esta ley en algunas de sus operaciones internacionales.

El número de empresas europeas que se ve afectado por la aplicación de la FCPA continúa creciendo. Son susceptibles tanto empresas constructoras, farmacéuticas, energéticas, de telecomunicaciones, automotrices, como cualquier otra que busque hacerse un lugar en los mercados tomando la vía equivocada.

Por otra parte, también es cierto que la cultura de negocios de algunos países puede complicar la situación de las empresas ante la FCPA. De hecho, los países emergentes que resurgen tras décadas de corrupción política y económica han mostrado ser terreno sensible para la trasgresión esta ley.  

En mi experiencia trabajando con empresas tanto en la fase preventiva de la FCPA como en la fase investigativa (una vez alertados de la posible trasgresión), he encontrado que los mayores obstáculos de las empresas en este tema lo constituyen operar en países con índices de corrupción elevados, la falta de capacitación del personal en cuanto a una política interna de transparencia e integridad, y la laxitud de controles cruzados que abarquen la compañía de manera transversal y global.

La FCPA no da margen a la improvisación. En este sentido, las empresas con intereses en el extranjero deben al menos implantar sistemas de control adecuados, realizar controles periódicos, disponer de un código de integridad, capacitar y comprometer a su personal en el cumplimiento de ese código, así como disponer de respuestas rápidas en caso de detectarse una posible transgresión.  Todas estas medidas mitigarán las consecuencias de sanciones.

Estar preparado para responder adecuadamente ante una trasgresión a la FCPA es clave. Así como también lo es contar con los recursos apropiados y la experiencia probada de profesionales calificados para poder encarar con éxito este nuevo frente que se erige en el mundo de los negocios.


Mariela Geier,
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