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03/03/2024. 07:09:43

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¿Qué feminismo?

Urquiola de Palacio. Presidente de la Unión Internacional de Abogados

Atendiendo a las meras estadísticas, la igualdad de género en el mundo legal se está produciendo, de manera natural, en la esfera pública. Hay más mujeres que hombres jueces, fiscales, Letrados de la Administración de Justicia, en todas las promociones recientes, y probablemente en cada una de esas carreras en su conjunto. Sin embargo, en el ejercicio profesional de la abogacía, todavía estamos lejos de una igualdad real de oportunidades. Así, vemos como el número de mujeres ejercientes como abogados es mayor que el de los hombres en el momento de salir de la Universidad y colegiarse, pero hay muchas más mujeres que hombres que abandonan la carrera profesional pasados unos años, y así vemos que en promociones en las que ya era cierto que se colegiaron más mujeres que hombres, se reduce de forma dramática la diferencia y quedan las mujeres en minoría con el transcurso de los años.  Por eso, todavía son necesarias las iniciativas para reforzar/acelerar “positivamente” este cambio social, iniciativas que propicien la conciliación para que no se plantee el desarrollo profesional en simbiosis necesaria con la renuncia a la vida familiar.  

Es incontestable la necesidad de no limitarse únicamente a reivindicar las metas de igualdad formal (igualdad política, igualdad ante la ley e igualdad de derechos), elementos esenciales del “feminismo clásico” o “feminismo liberal”, para encaminarse hacia la igualdad de oportunidades efectiva. Este desbordamiento de los límites jurídicos/ formales del feminismo es, sin duda, un avance necesario, cuando se dirige a favorecer la Igualdad de Oportunidades real. Pero, al amparo de esta nueva dimensión del feminismo, también se ocultan movimientos que propugnan otros objetivos ideológicos mucho más discutibles, cuando no rechazables, y en ocasiones, abiertamente hostiles hacia el feminismo clásico y al Estado de Derecho.

Tengo el privilegio de presidir la Union Internationale des Avocats, la más veterana asociación internacional de abogados del mundo, caracterizada por su lucha incesante en favor del Estado de derecho y de los Derechos Humanos. En el seno de esta organización, desde la más estricta neutralidad ideológica, existe una gran preocupación/dedicación hacia la mujer. Está veterana asociación ha asistido e impulsado, desde su creación en 1927, los cambios que desde mediados del siglo XIX y durante el siglo XX se han producido para el pleno reconocimiento de los derechos de la mujer.

 En algunos países, donde nuestra asociación está presente, la igualdad de derechos sigue siendo un objetivo deseado más que una realidad contrastada, y nuestra acción beligerante es tan necesaria hoy como en el siglo XIX. Convendría ya, que los europeos adoptemos, en la era de la información global, una perspectiva algo más amplia que nuestro propio ombligo.

Desde esta perspectiva, nosotros reivindicamos el feminismo igualitario. Este feminismo se define como el feminismo de los derechos, el feminismo favorable a las reformas dirigidas a la mejora de las instituciones democráticas, para hacerlas más inclusivas y más coherentes con su finalidad. Este feminismo se inscribe dentro de una ética humanista que proclama la igualdad ante la ley de todas las personas, cualquiera que sea su sexo, su color, su lengua o su religión. Este es el feminismo de nuestra Constitución española. La lucha por el derecho al voto, por la Igualdad de oportunidades/remuneración en el mercado trabajo, o por la igualdad ante la ley y para el ejercicio de los derechos ante los tribunales, son ejemplos de esta orientación, y auténticos avances de la civilización, por lo que, desde una asociación no ideológica, no sólo los aceptamos y los integramos, sino que los defendemos y luchamos/lucharemos para su efectiva implantación en todo el mundo.

Tras este feminismo democrático, en los años 90 y posteriormente en los años 2000 hemos asistido al nacimiento de otros movimientos de carácter “feminista”. Se trata de movimientos de lucha contra la “sociedad patriarcal”, desde postulados de extrema izquierda, posmodernos y/o contraculturales. Se trata de luchar, en última medida, contra una sociedad capitalista e injusta, haciendo confluir la lucha del feminismo con otras luchas “antidiscriminatorias”, como el racismo, la transfobia, el sexismo, la homofobia… Estos “feminismos” se basan, ora en la diferencia y reafirmación de la identidad femenina, ora en la disolución de la identidad de género anulando la dicotomía, masculino/femenino, pero siempre desde un punto de vista rupturista y enfocado a la creación de una “nueva sociedad” basada en valores alternativos que sustituyan los actuales.

Detrás de algunos de estos “feminismos” late una pulsión totalitaria que entra en manifiesta contradicción con el feminismo igualitario. No quiero entrar en el debate que existe en la sociedad española, y que es de plena actualidad, pero con un poco de perspectiva podemos reconocer a los actores y el escenario. No sería justo, a lo mejor, diabolizar a todos los hijos de Hegel, ni cargar contra un neo romanticismo basado en los sentimientos y las emociones, para emanciparse del derecho y lanzarse a la acción. Pero por ahí van los tiros.

En efecto, desde algunos “nuevos feminismos”, la ley es solamente la encarnación de la “voluntad política”, al servicio de un cambio social programado desde la ideología. La ley no está para interpretarse, es la manifestación primigenia de la legitimidad de la “soberanía popular”. En particular, la labor interpretativa de la ley es rechazable cuando se trata de poner esa “voluntad de acción” en el contexto de un sistema de límites y contrapesos que denominamos “Estado de Derecho”. Este Estado de Derecho es, desde estas ideologías, la defensa última de una sociedad patriarcal, de un sistema de alienación capitalista etc. Por eso, desde una asociación no ideológica, como la que presido, pero firmemente comprometida en la defensa del Estado de Derecho, no podemos sino enfrentarnos y oponernos a este tipo de planteamientos.

El siglo XX ha sido tristemente testigo de todas las bondades del marxismo real y de otras tentaciones totalitarias hijas de un mismo modo de entender la realidad. Algunos de los “feminismos” de este siglo XXI tienen parentescos no tan lejanos con aquello. Son parentescos que hacen a estas ideologías intrínsecamente peligrosas. Hoy cuentan con la “ingeniería social” para introducir cambios en el lenguaje y en los estados de opinión de la ciudadanía. También cuenta con la ventaja de una cierta aceptación generalizada de los postulados feministas, en base a los grandes avances que ha propiciado el feminismo igualitario y clásico, de raíz eminentemente liberal. Es tiempo de dar una señal de alarma para alertar de que bajo la etiqueta “feminista” conviven otras cosas que no son sólo diferentes, sino que entran en contradicción y conflicto abierto con el feminismo clásico, signo de progreso y de avance social dentro de los regímenes democráticos de derecho.

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