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03/07/2022. 01:03:09

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Abogacía resiliente, abogacía eficaz

Abogada consultora en burnout y productividad del sector legal.
Patricia Tudó Consultores

Resistir, seguir adelante, resurgir tras un obstáculo y obtener un aprendizaje positivo. Con estas palabras podemos definir el concepto “resiliencia” cuyo significado cobra más fuerza, si cabe, desde que irrumpió el Covid-19. Es un término (del latín, “resilio”) que hemos importado de la física, para aplicarlo a las ciencias sociales, como metáfora sobre la capacidad que tiene un cuerpo de volver a su forma previa tras una situación deformadora de gran impacto. En este sentido, la resiliencia no es una tender o buscar situaciones adversas, sino tolerar las que se presenten. Es saber gestionar cada situación de manera adecuada en cada momento de la vida: familia, trabajo, relaciones personales…

Esto es precisamente lo que menciona Michel Manciaux en su libro “La resiliencia: resistir y rehacerse” (2010). Ya seamos árboles robustos o frágiles lo importante es que seamos flexibles ante los cambios y no rompernos. La resiliencia la desarrollamos en la infancia, cuando nos caemos al intentar dar un paso y otro para comenzar a caminar, rebotábamos y nos volvíamos a recomponer para el siguiente paso. Sin embargo, nos volvemos adultos y perdemos las herramientas que de pequeño surgían “a cada paso que dábamos” sin buscarlas.

¿Por qué he comenzado mi artículo haciendo una oda a la resiliencia? Durante 15 años ejerciendo la abogacía y en los últimos 8 años como consultora en burnout y productividad para el sector legal, he aprendido a hacerme más resiliente en momentos donde me hacía mucha falta: casos conflictivos, horas de sueño, relojes infinitos que no distinguían cuándo empezaba la vida familiar y cuándo terminaba el trabajo, emociones a las que no era capaz de ponerle nombre y mucho menos gestionarlas.

En un contexto agresivo como el nuestro, el estrés forma parte de nuestro día a día. En la carrera nos enseñaron la ciencia jurídica, estudiamos compendios legales y jurisprudenciales, pero resolver casos, interpretar leyes, ganar o “intentar” ganar juicios, es decir, ser abogado, tiene un matiz diferente.

Cualquier abogado sabe que hay pleitos que se pueden ganar pero hay otros que no, y no me refiero solo a los jurídicos, y es ahí donde no debemos venirnos abajo, soltar la toga o lanzar el birrete.

Gestionar las emociones

Lo cierto es que a nuestro alrededor hay muchos/as abogados/as pero no todos son resilientes. Por eso, me gustaría explicar cómo podemos llegar a ser abogados resilientes e introducir este proceso de adaptación ante la adversidad en nuestro día a día, más como práctica que como teoría.

A pesar de todo, también es cierto que cada vez hay más conciencia en el sector de la importancia de formarse en habilidades de liderazgo intra e interpersonales de la abogacía. Tan importante es saber interpretar una norma como adaptarla al supuesto concreto, y en los casos reales siempre hay una razón principal, y ésta es siempre emocional. Solo entendiendo las emociones de nuestros clientes podremos hacer una buena defensa.

¿Cómo podemos llegar a ser un abogado resiliente?

Un abogado resiliente se caracteriza por tener encendido el piloto automático para interrogarse y plantearse qué es aquello sobre lo que sí puede influir para desechar lo que no tiene importancia. El abogado del que hablamos se somete a un proceso de discernimiento, conociendo y diferenciando lo que está en su círculo de influencia de lo que está fuera.

Todos solemos coger el mismo camino para ir al trabajo o regresar a casa pero y, ¿si cambiamos? ¿Qué ocurría sin un día cogiéramos una alternativa? La flexibilidad es una característica que debe tener un abogado resiliente. Para ello, la amplia normativa existente nos puede ayudar a coger otras alternativas igualmente válidas. Se llama apertura al cambio, ver la realidad con ojos de turista, observar para estar atento a nuevos puntos de vista, a no dar nada por sentado. El covid-19 nos ha abierto una ventana y nos ha permitido ver otras opciones, como por ejemplo, las reuniones virtuales. Hemos tenido que adaptarnos a los juicios telemáticos, algo impensable para muchos, hace solo unos años. Nuestro paradigma espacio-temporal ha sufrido un cambio drástico, y puede verse como una gran oportunidad de mejora.

Solo entendiendo las emociones de nuestros clientes podremos hacer una buena defensa

A mayor abundamiento, la satisfacción del cliente no puede suponer nuestro descontrol emocional ni organizacional. La resiliencia nos permite aprender y establecer protocolos de actuación en la gestión del tiempo y los cauces de comunicación con nuestros clientes. La mayoría de los abogados que veo en las sesiones afirman que hasta la mitad de la jornada laboral se va en llamadas y correos improductivos, lo que a final del día les llena de insatisfacción y zozobra.

Cuando aflora la ansiedad o el estrés por llevar un ritmo de vida 24/7 debemos prestar más atención a nuestra salud física y mental que a nuestra cuenta de resultados. Las técnicas de mindfulness en el despacho ayudan a reducir el estrés, mejorar la atención y la memoria. Al mismo tiempo, ayuda a nuestro cerebro a divisar nuevos horizontes que antes no veíamos con nuestros clientes.

El hecho de que incida tanto en conectar con nosotros mismos y con las emociones de nuestros clientes es porque es la única manera de ser conscientes de qué nos pasa, qué sentimos y cómo podemos manejarlo. Esto hace, al mismo tiempo, que podamos comunicarnos mejor a nivel interno en el despacho y con nuestros clientes.

El problema sigue siendo “problema” se mire por donde se mire pero a lo mejor nos puede ayudar descomponerlo. Solemos identificar al abogado con la resolución de problemas y razón no nos falta pero a veces no podemos avanzar cuando nos enfrentamos a un juicio que nos desborda o a alguna causa incierta. En este punto, nuestras emociones nos juegan una mala pasada y puede hacernos cambiar la opinión de nosotros mismos, nuestro autoconcepto, y a la larga mermar nuestra autoestima.  

Una abogacía resiliente, es también saber gestionar el tiempo con sentido común. Podemos preguntarnos a nosotros mismos: ¿Qué objetivos quiero logar hoy? Pensar en objetivos que no podemos cumplir puede generarnos más ansiedad y estrés. Es fundamental identificar cuales son nuestros ladrones del tiempo, sean extrínsecos o intrínsecos.

Reforzando el valor de la resiliencia en la abogacía nos convertiremos en individuos con mayor fortaleza de carácter, con un mejor balance vida-trabajo, con más control del estrés y fomento de una actitud positiva, redundando en mejores resultados profesionales.

“El éxito no es de aquel que no se cae sino del que cuando se cae, se levanta”. Proverbio chino.

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