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28/05/2024. 12:34:32

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¿Qué pueden hacer los abogados en materia de responsabilidad social?

Director de Contenidos de Artículo Uno www.articulouno.com Buenos Aires - Argentina

Ya no se trata sólo de trabajar pro bono. Programas educativos con la comunidad y con los empleados son algunas de las opciones. En tiempos de crisis, estas acciones son útiles y valoradas por la comunidad.

¿Qué pueden hacer los abogados en materia de responsabilidad social?

La RSE se hizo conocida como responsabilidad social empresaria. Sin embargo, esa misma sigla aplica a la responsabilidad social de los estudios jurídicos, área en la que se suele hablar de RSA, por responsabilidad social del abogado.

¿Por qué las empresas jurídicas limitan su contribución a la comunidad al trabajo pro bono? ¿Cada cuánto cambian sus ordenadores para adaptarlos a las necesidades de la lucha contra el cambio climático? ¿Qué hacen con el papel triturado? ¿Imprimen a simple o a doble faz? ¿Colaboran con alguna entidad de bien público, una escuela, un hospital? ¿No hay en su firma actores, músicos, cantantes o bailarines agazapados?

Que conste: contar con un programa formalizado de responsabilidad social no sólo implica ayudar a quien lo necesita. Internamente genera espíritu de compromiso y pertenencia con la firma. Externamente, bien gestionado, colabora a mejorar la imagen e incluso a que potenciales clientes se acerquen a la firma.

Se dijo, durante un tiempo, que las grandes multinacionales comenzarían a exigirles a sus proveedores que tuvieran comportamientos socialmente responsables atendiendo no sólo al bienestar de su personal y de la comunidad en la que operan, sino también al medio ambiente en su conjunto.

Eso apenas si pasó a medias y, en lo que hace a estudios jurídicos, aún falta un largo trecho para que ocurra.

No obstante, alrededor del mundo es creciente la cantidad de firmas que van adoptando voluntariamente esta modalidad de trabajo como parte de su rutina diaria.

El caso de Garrigues es emblemático: su reporte social está on line, a la vista de cualquier navegante.

¿Qué se puede hacer, entonces, en esta materia? Programas de voluntariado de todo tipo, programas de inserción laboral, cuidado del medio ambiente, capacitación, apoyo a microemprendedores y a empresas sociales.

Lo que vale es la acción organizada, no espasmódica ni pendiente de un posible rédito que una cobertura en los medios de comunicación le pueda dar.

Aclaro: algunas empresas ya están transitando un estadio superador de este modelo y se habla de sustentabilidad en los negocios, de comportamiento ético en todas sus etapas y en relación con todos los stakeholders.

Los estudios jurídicos deberían tender hacia ese horizonte, pero antes habrá que reconocerse como empresa jurídica e ir dejando atrás muchos de los procedimientos artesanales que se recrean desde cero en materia de organización del trabajo.

Hecho esto, la RSE podrá planificarse de acuerdo a los intereses de la firma, a la visión de sus integrantes, al tipo de clientes con que cuente o que pretendan incorporar.

La gestión profesional de este tipo de trabajo es lo que hace que un programa de responsabilidad social sea solamente eso o se transforme en un punto de inflexión para el desarrollo de la firma.

Para avanzar en este último sentido habrá que tener el compromiso de los socios y el consenso de los integrantes de la organización. El direccionamiento, en tanto, habrá de canalizarse con especialistas en el tema.

Decíamos que más allá de la buena imagen que reporta a quien desarrolla este tipo de programas, de la cohesión interna que genera y hasta de los beneficios impositivos que pueden alcanzarse con determinadas acciones, la RSE desemboca en una mayor conexión entre los abogados y la comunidad con la que trabajan.

Existen distintas áreas en las que estos programas se pueden desarrollar: educación, cultura, medio ambiente, empleados, familias de empleados y comunidad, son algunos de los tantos ámbitos y públicos a explorar.

¿Qué se puede hacer? Lo que la imaginación -y el presupuesto- decidan.

Algunos ejemplos:

– Educación: con un plantel de abogados voluntarios podría dedicarse un par de horas semanales de facturación contra el Estudio para dar charlas en escuelas, informando, por ejemplo, sobre el uso de las nuevas tecnologías desde una perspectiva legal o debatiendo sobre temas controvertidos (drogas, inseguridad, crisis financiera, desempleo) desde una mirada jurídica.

– Cultura: en línea con lo anterior, podrían llevarse estos mismos temas a entidades sociales o montarse muestras sobre, por ejemplo, la evolución del derecho medioambiental. En este caso, el Estudio podría desarrollar toda la puesta o, simplemente, auspiciarla.

– Medio ambiente: el clásico entre los abogados en esta materia es acumular el papel utilizado para su posterior reciclado. Reducir la cantidad de papel y electricidad consumidos también debería estar dentro del listado de acciones.

Para con los empleados no alcanza sólo con el buen trato. Brindar condiciones que permitan armonizar vida profesional y laboral, generar entornos adecuadas de trabajo en función del género y brindar beneficios a los empleados (días libres, descuentos en comercios, uso de determinadas instalaciones), forma parte de una lista de opciones casi infinita.

– Familias de empleados: las reuniones de integración, el encuentro trimestral un domingo en una casa de campo y la visita de la familia al lugar de trabajo, son algunas de las variantes.

– Comunidad: aquí suele encajar el trabajo pro bono en temas de interés público. Más allá de que es bueno mantenerlo, desde el Estudio se pueden hacer también otro tipo de aportes destinados, por ejemplo, a combatir la inseguridad. Así, se puede impulsar la construcción o reconstrucción de un club o de un centro cultural siguiendo la modalidad de recuperación del espacio público desplegada en países como Colombia o Brasil.

Dicho esto, cada firma deberá analizar cuáles son sus prioridades, cuáles sus intereses y, en función de esto, desarrollar su programa de RSE.

¿Pero hacerlo en épocas de crisis, momento de recortar con el sable cuanto gasto considerado superfluo exista?

Sin ningún lugar a dudas.

En los tiempos que corren cualquier acción de este tipo tiene un valor, una implicancia y una visibilidad mucho mayor que en tiempos de bonanza.

Por otra parte, muchas de las acciones que se pueden desarrollar dependen únicamente del tiempo y la voluntad que se le quieran y puedan destinar.

La RSE, además de ser gratificante y éticamente valorada, permite mantener un mismo nivel de diálogo con las empresas (clientes) que tengan desarrollos en la materia. En ese sentido, muy lejos de ser gasto, es una buena inversión para el despacho y para todo su entorno.

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