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Artículos de Opinión

De aquellos polvos (del desgobierno por Decreto-ley), estos lodos (el barrizal presupuestario)

21 de Marzo de 2019
  • (De nuevo sobre la revalorización de las pensiones públicas y otras medidas urgentes en materia social, laboral y de empleo)
  • Ocurrencia: Idea inesperada, pensamiento, dicho agudo u original que ocurre a la imaginación (Diccionario de la Real Academia Española)

Es un hecho. Cumplidos los peores augurios ni hay Presupuestos Generales del Estado para el presente año ni se les espera. Situación que, en sí misma, no supone una novedad desconocida.

Javier Fuertes,
Abogado


La propia dinámica presupuestaria, y su regulación normativa, contemplan ese escenario, el del que las Cortes Generales no aprueben, antes del primero de enero, el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado (artículo 37 de la Ley General Presupuestaria), lo que determina que "se considerarán automáticamente prorrogados los presupuestos iniciales del ejercicio anterior hasta la aprobación y publicación de los nuevos en el Boletín Oficial del Estado" (artículo 38.1 de la Ley General Presupuestaria).

Prorroga de los presupuestos del año natural anterior que, a su vez, está previsto se produzca en determinadas condiciones, como son:

    1)      La prórroga no afectará a los créditos para gastos correspondientes a programas o actuaciones que terminen en el ejercicio cuyos presupuestos se prorrogan o para obligaciones que se extingan en el mismo (artículo 38.2 de la Ley General Presupuestaria).

    2)      La estructura orgánica del presupuesto prorrogado se adaptará, sin alteración de la cuantía total, a la organización administrativa en vigor en el ejercicio en que el presupuesto deba ejecutarse (artículo 38.1 de la Ley General Presupuestaria).

Hasta aquí todo resulta más o menos sencillo... siempre y cuando se respeten los principios y las reglas de programación y gestión presupuestaria, siempre y cuando el Gobierno no haga trampas en esas cuentas de ingresos y gastos.

Y ese es el caso en el que nos encontramos, porque el Gobierno ha planteado unas cuentas para el año 2019 que no resultaron creíbles en Europa. Porque, a pesar de ello, el Gobierno ha presentado a las Cortes Generales un proyecto de Presupuestos Generales del Estado (proyecto presentado el 19 de enero de 2019)  sin contar con los apoyos necesarios para su aprobación, lo que ha dado lugar a su devolución a los corrales. Son cosas que pasan y para cuya explicación se suele recurrir a la expresión matemática parlamentaria.

Es un incordio, es un trastorno, pero para eso está la señalada previsión presupuestaria que obliga a comenzar el año con la programación presupuestaria anterior.

Sin embargo, y aunque esos principios y normas presupuestarias a los que se ha hecho referencia establezcan una forma de actuación, en el mundo real puede suceder que el crupier presupuestario (esto es, el Gobierno) haya procedido a marcar las cartas antes de empezar a repartirlas, de manera que bajo el esmoquin de su aparente imparcialidad (dirigir el juego, repartir las cartas, controlar las apuestas) lo que realmente hay es un tahúr (un jugador fullero).

Y eso es lo que hizo el Gobierno en el último Consejo de Ministros del año 2018 (el celebrado el día de los inocentes) al aprobar un importante número de normas que, con forma de Real Decreto-ley y amparadas en una más que dudosa (por no decir inexistente) extraordinaria y urgente necesidad, que suponían la introducción de obligaciones que carecían del respaldo  preciso y necesario para hacer frente a las mismas, fraude presupuestario que, por una parte y en el terreno de los principios básicos de funcionamiento, supone una deslealtad para con el resto de Instituciones del Estado, empezando por las Cortes Generales, en cuanto depositarias de la soberanía nacional que se extiende al conjunto de la ciudadanía por aquéllas representadas, y que, por otra parte y en el espacio de la realidad cotidiana, nos aboca a la existencia de un déficit público que carece la necesaria cobertura que en nuestro sistema jurídico se establece para ello.

Y es que el horizonte que se vislumbra es aún más desalentador en cualquiera de sus alternativas. La una un 2019 que finalice sin presupuestos, ya que, a duras penas. parece posible en este momento, ponerse con las cuentas del 2020... porque el tiempo pasa muy deprisa y, parlamentariamente, con unas elecciones generales que, se nos dice, van a ser convocadas para el último domingo de abril, octubre está a la vuelta de la esquina. No es mejor la otra posibilidad, como es el supuesto en el que alguien consiga sacar adelante unas cuentas para 2019 (piénsese el momento del año en el que eso se produciría) y que bien podrían estar condicionadas por las trampas presupuestarias previamente preparadas por el tahúr.

De esta forma, y suceda lo que suceda, las cuentas presupuestarias, esas con las que hacemos frente, de una forma más o menos organizada, a la educación, la sanidad, la seguridad, la Justicia y todos los servicios que un estado social y democrático de derecho presta a las personas, se han convertido en un barrizal del que no resulta posible salir limpio.

Ocurrencias y desatinos políticos que parecen ignorar el deber de servicio a la sociedad de los cargos públicos y la obligación de servir con objetividad a los intereses generales y de actuar de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho establecida en nuestra Constitución.

Entre tanto, retocemos en el barrizal presupuestario y disfrutemos del desorden.

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