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Mi primer juicio

25 de Septiembre de 2015

Adrián Pau Puig,
Abogado


Me estrené en un juzgado de primera instancia en una pequeña ciudad. Anteriormente a mi primera actuación en sala únicamente había ido a ver un par de vistas durante la carrera y una audiencia previa y un juicio verbal para ponerme en situación antes de hacer mi debut, puesto que no estaba planificado que me estrenase en esa fecha, sin embargo, por problemas de agenda de mi superior tuve que ir yo a hacer el juicio en solitario. Para ser honesto, se puede decir que me arrojaron directamente a la "piscina" para ver si conseguía salir del paso con relativa dignidad y sin ánimo de ser presuntuoso creo que salvé bien la situación.

Hace un par de semanas de aquello y desde entonces he realizado muchas actuaciones en sala puesto que el tema es bastante recurrente y frecuente en los juzgados en estos momentos.

En definitiva, se trataba de un juicio verbal por cuantía de 6.000 euros. Tenía preparada una pequeña instructa en la que incluía prácticamente todo lo que quería decir (e incluso tenía anotado que me tenía que sentar a la izquierda de su señoría por si sufría un lapsus a propósito de los nervios). 

La noche anterior dormí bien aunque de camino al juzgado empezaba a sentir los nervios en el estomago. Llegué con casi una hora de antelación pues me daba miedo perderme o no encontrar la sede del colegio para tomar prestada una toga o no poder llegar por cualquier causa ajena a mi voluntad. Una vez allí fui a por una toga y me dieron una que me venía enorme, aunque en ese momento me dio igual. Una vez fuera de la sala me senté y escuché música durante 20 minutos hasta que apareció por allí la primera persona, que resultó ser mi procurador. Me presenté y le dije que era mi primer día, a lo que me contestó que no me preocupase que era pan comido. Con 5 minutos de retraso entramos a celebrar el acto del juicio. 

Había pedido consejo a varias personas sobre si debía decir que era la primera vez que actuaba en sala o si era mejor no decir nada y ver lo que ocurría y en el último momento decidí presentarme antes de que se empezara a grabar la vista. Siempre recordaré la cara que puso el juez cuando le interrumpí mientras estaba dando la orden de grabar para empezar el juicio e igualmente recordaré como le cambió el semblante y se le dibujó en el rostro una sonrisa al decir mi nombre y que era la primera vez que iba a hacer un juicio. Miré a todos los que había en la sala y todos sonreían, al principió dudé de si hice bien, pero creo que fue lo mejor puesto que el juez me dijo que me ayudaría si alguna cosa no la hacía correctamente y la parte contraria también fue muy considerada en ese aspecto.

Estuve inquieto hasta que se me dio traslado para contestar oralmente a la demanda y ahí me tranquilicé, formulé mi cuestión previa (y luego rec. de reposición y protesta porque fue desestimada en el acto) y luego entré a contestar sobre el fondo del asunto. Luego se propuso la prueba (toda documental) y quedó visto para sentencia.

Al acabar la vista la parte contraria me felicitó y me dijo que lo había hecho muy bien y lo mismo me dijo su señoría (cosa que pensaba que jamás iba a pasar) me levanté de la silla y las piernas me temblaban, pero recuerdo la sensación de paz cuando salía por la puerta del juzgado para devolver la toga, muy similar a la de cuando en la universidad acababas el último examen y empezaba el verano, una sensación estupenda. Más tarde supe que mi procurador llamó a mi superior para hacerle saber que salí del paso con soltura y eso me hizo sentir muy bien y me ha dado mucha confianza para afrontar todo lo que vendrá.

Así fue mi bautismo de fuego, por suerte para mí sin sobresaltos inesperados. Un recuerdo que permanecerá en mi memoria para siempre.


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