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Artículos de Opinión

El estrés en la abogacía

23 de Septiembre de 2010

Santiago Sinópoli,
abogado y consultor psicológico


El tema del estrés resulta en su importancia tan obvio y está tan tratado por la bibliografía especializada, que al final queda como materia superada y por ello ¨ banalizada ¨ . Así, todos hablamos del estrés, del impacto negativo que produce en nuestra constitución  biológica y psicológica, pero no obstante vivimos envueltos en una vida profesional de vértigo, de tensión, por naturaleza llena de términos perentorios  que cumplir, sino los derechos que juramos defender caducan en la posibilidad de su ejercicio. Uno corre y recorre todos los ¨ caminos de la justicia ¨, de subidas y bajadas peligrosas, casi tortuosas, y poco se dice o decimos del desgaste humano que conlleva. Hay quienes piensan que los ¨ oficios estresantes ¨ son el del médico, el piloto de avión, el docente. De estas actividades - hay muchas otras en este rango-  se dice que sus ejecutores  ¨ cuidan ¨ del Otro en la sociedad y que por ende hay que cuidarlos. Nace por ello la  pregunta: ¿Quién cuida al cuidador?. Del abogado, poco se dice sobre el cariz estresante de su profesión, de esta profesión incómoda ya que detrás de la consulta jurídica está el litigio humano, el drama de las personas que ven como se diluyen sus derechos ante las embestidas de los más fuertes, o la demora en la realización de la justicia, o bien en las emergencias que los gobernantes lanzan bajo el pretexto del bien común, cambiando los paradigmas jurídicos sin mirar si ello es justo o injusto.

El estrés es protagonista en la vida del abogado, como en toda profesión, más todavía no hay vida sin estrés, ya que éste es la energía física y psíquica que todos debemos emplear para enfrentar las amenazas diarias - que  se originan en el orden personal y el profesional-. Como dice el Dr. Daniel López Rosetti en su obra: ¨ Estrés, como entenderlo, entenderse y vencerlo ¨, en el único lugar donde no existe el estrés es en la paz de los cementerios. Estrés es sinónimo de vida, es una función orgánica. Lo que hay que saber es controlar el estrés y usarlo en forma adecuada.

Lo expuesto hasta aquí nos lleva a decir que hay un estrés ( esta palabra se debe al húngaro Hans Selye (1907-1982), que concibió la idea del Síndrome de Adaptación General -SAG) bueno o eustrés y un estrés malo o distrés.

El estrés bueno es el que nos mantiene en alerta y en condiciones de enfrentar los desafíos profesionales. Por ejemplo el ponerse a estudiar la demanda o la contestación de ésta, el prepararse para ir al tribunal, el participar de una audiencia, el atender al cliente, etc. , requieren de un esfuerzo físico y psíquico determinado. Claro está que todo va bien si hay proporción entre la intensidad y perdurabilidad del esfuerzo y la exigencia profesional que nos toca vivir. Pero si no hay ¨ equilibrio ¨  en nuestro cuerpo físico y mental, si la ¨ balanza ¨ de nuestras funciones orgánicas, racionales y emocionales no está equilibrada, es factible que aparezca el estrés malo o lo que llamamos  simplemente estrés y que Lopez Rosetti define como: ¨... aquella situación en la cual las demandas externas (sociales) o las demandas internas ( psicológicas) superan nuestra capacidad de respuesta. Se provoca así una alarma orgánica que actúa sobre los sistemas nervioso, cardiovascular, endocrino e inmunológico, produciendo un desequilibrio psicofísico y la consiguiente aparición de la enfermedad ¨

Ahora bien: ¿Cómo se vence esta disfunción de ¨ cuerpo y alma ¨?; que suele llegar silenciosamente, que nos da algunas voces de alarma, como el estar con falta de interés, reacciones desmesuradas ante  hechos menores, dolores físicos - de cabeza, boca seca, disminución del deseo sexual- problemas psicológicos - nerviosismo, preocupaciones,  volverse dubitativo, sensibilidad emocional creciente- , y termina con enfermedades tales como la hipertensión arterial, angina de pecho, colon irritable, etc., voces de alarma que comúnmente pasan inadvertidas.  O planteado de otra manera el tema: ¿Cómo se hace para salir del estrés, que es calidad de vida desminuida?. ¿Cómo se combate el estrés laboral, el que emerge de los vaivenes de nuestra profesión de abogados?

Diría que ¨ salir ¨ puede que no sea factible totalmente. Mejor hablar de cómo  ¨ minimizar ¨ el estrés.  Para ello hay que ver primero la tipología de la personalidad de cada uno. Digo esto porque  según sea la constitución de la personalidad, ya que  el  ¨ carácter ¨ viene con uno, y si los rasgos son de una personalidad ¨ autoestresora ¨ o tipo ¨ A¨  -  son personas competitivas, dinámicas, perfeccionistas, de múltiples actividades, viven pendientes del reloj, gesticulan al hablar, no aceptan perder - , la lucha por lograr calidad de vida tendrá sus aristas particulares. Distinto sería el tema si el tono mental de la persona que busca ganarle al estrés  es la que se denomina del tipo ¨ B ¨, que se caracteriza por un perfil más relajado, tranquila, equilibrada. No estoy diciendo que una personalidad, es mejor que otra.  Las dos  tienen su pro y contra en la relación con el Otro - vida social- y uno mismo. Sólo que los caminos para buscar el equilibrio y evitar el estrés malo o reducirlo, serán distintos. Cada personalidad tiene su tratamiento.

No obstante las diferencias apuntadas entre las personalidades  tipo ¨ A ¨ y ¨ B¨ y que serían los polos opuestos de  una variada, gama hay principios generales para tratar el estrés, que comprende a los dos tipos. Está el tratamiento médico (ejercicios aeróbicos, nutrición adecuada y técnicas de relajación neuromuscular y respiración). Tenemos luego la parte psicológica del tratamiento, que en mi opinión abarca tanto la conductual y de hábitos (autoestima, autoconfianza, autoseguridad) y la filosofía de vida que uno debería tener (los valores, nuestro entendimiento de la vida, el para que de nuestra profesión, etc.).

Explayarse en los distintos campos del tratamiento nos es factible materialmente y hay temas que escapan a mi enfoque.

 Prefiero centrar el análisis en lo filosófico. Esta palabra suena como algo que quedó para la antigua Grecia. Hoy hablar de filosofía sería equivalente a perder el tiempo. La meditación se presenta como cosa de vagos. Y este razonamiento ¨ arrasa ¨ también a la vida de la abogacía, y sin que nos demos cuenta, nos va alejando de los valores de vida profesional e ideológica, que fuimos introyectando o recibiendo del Otro. La versión ¨ utilitarista ¨ de la abogacía excluyó a la ¨ trascendente ¨ o filosófica. Así estamos frente a una ausencia de ¨ proyecto profesional ¨ , se pone en riesgo nuestra subjetividad profesional. Podemos estar presente en el mundo del derecho, pero la persistencia de nuestra presencia, no significa que persista en nosotros ¨ el ser abogados ¨. Podemos tener un saber técnico, pero estará al margen de la profesión. De estas circunstancias resulta el malestar, la frustración, el sabor amargo de las cosas diarias de la profesión,  se pierde la seguridad en nosotros mismos. Por el contrario saber lo que queremos profesionalmente y lo que podemos hacer, el proponernos límites razonables y racionales en la actividad profesional - como en cualquier otra-, nos dará firmeza y sensación de control. Habrá más calidad de vida, el estrés no tendrá tierra fértil para desarrollarse.

Dice López Rosetti en otro de sus brillantes libros: ¨ El estrés de Jesús ¨: ¨ La escala de valores, es para nuestra vida, el camino a seguir, nuestro norte. Es más frecuente encontrar personas con estrés entre quienes los test muestran una falta y/o falla en la escala de valores. Por el contrario, aquellas personas que tienen conceptos rectores y valores personales claros y definidos rigen sus acciones en base a ellos, resisten mejor los estresores ¨

Ustedes amigas y amigos en al abogacía me preguntarán: ¿Dónde están los valores filosóficos de la profesión en forma concreta? ¿Dónde está el proyecto de profesión que ayudará a minimizar la enfermedad física y psicológica del estrés? . No tengo la respuesta  a mano. Yo también sufro estrés. Por ello me urge la búsqueda como a ustedes. Me parece, que en esos textos que con seguridad están en algún rincón de nuestros despachos, posiblemente algo cubierto por el polvo debido a su falta de uso, y que lo firman San Ivo, Osorio o Eduardo J. Couture, y que son decálogos del deber del abogado, de la cortesía o de la esencia de la profesión, está parte de la cura al  mal del estrés.

Decía Couture que estos ¨ mandamientos del abogado ¨ : ¨ Aspiran a decir en pocas palabras la jerarquía del ministerio del abogado. Ordenan y confortan a mismo tiempo; mantienen alerta la conciencia del deber; procuran ajustar la condición casi humana del abogado, dentro de la misión divina de la defensa...¨

¿No ve en las palabras de Couture, un anticipo del ¨ tratamiento antiestrés ¨ en su aspecto filosófico? . Gracias por atenderme una vez más y hasta la próxima colegas.


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